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sep 29 2011

Kata: la esencia del karate

En palabras del gran historiador del budo, “El kata no es una manifestación del razonamiento lógico, dentro de ellos hay algo más que la mayoría de los karatekas occidentales nunca llegarán a sentir”. A través del kata, un instructor debidamente enseñado puede explicar a sus alumnos los puntos básicos del karate, al tiempo que su filosofía en su fundamento. Todo este conjunto de cosas hace del karate un sistema que es mucho más que una fórmula de romper ladrillos, pegar a la gente, o ser un Superman….Lo ensalza a la categoría de un camino de vida para aquellas personas que realmente lo entienden y aman. El karate no son federaciones ni asociaciones, campeonatos o exámenes. El karate es la persona que lo practica con devoción y sacrificio. Algo muy personal del individuo, aunque nuestra sociedad se ha empeñado en hacerlo algo de todos, y que todos por desgracia juzgan.

Este artículo trata de la compleja e importante naturaleza del “kime” en las técnicas de karate.
Existe un antiguo proverbio que dice: “Un hombre debe ser primero el maestro de su propia casa antes de llegar a ser el maestro de otras”. Esta afirmación no tiene nada que ver con las casas materiales en las que todos vivimos, sino que se refiere a nuestras “casas internas”. Da a entender la idea de que la mayoría de nosotros estamos gobernados por los deseos particulares de una parte de nuestro cuerpo, el cerebro, mientras que muy pocas personas dejan que el “yo” controle la existencia.

Es aquí cuando uno se empieza a preguntar, especialmente el neófito, qué tiene que ver esto con las artes marciales. La mejor forma de relacionar el proverbio antes mencionado con las ideas posteriormente expuestas es utilizando una situación de la que fui testigo hace aproximadamente seis años.

Nos encontrábamos en el descanso de uno de los muchos campeonatos en los que el maestro Nishiyama era el juez principal. Junto con un grupo de instructores asistentes, el maestro Nishiyama se disponía a ofrecer una demostración contra un asaltante portando armas. Cuando el grupo de asistentes rodearon al maestro, sacaron de sus karategis todo tipo de armas: cuchillos, palos, cadenas, etc…. El maestro Nishiyama se defendió con certeza y éxito de los agresores…, hasta que tan solo quedaron dos. Ambos estaban armados con verdaderos cuchillos, afilados al máximo. Rápidamente el hombre que se encontraba a las espaldas de Nishiyama atacó, pasando el cuchillo de una mano a otra para engañar a su víctima. Cuando se acercó, el cuchillo produjo un destello de luz en su camino a la garganta del maestro, y cuando iba a conectar con el blanco fue desviado. El agresor recibió una potente patada en el estómago que le lanzó por los aires. Según el agresor, “viajaba” por el aire; era aparente el hecho de que, aún con el arma en la mano, podía caer sobre ella, produciéndose heridas graves. Simultáneamente, el segundo agresor, sin darse cuenta de lo que iba a suceder, vio un “hueco” y atacó a Nishiyama con su cuchillo. El maestro Nishiyama, consciente de que el primer agresor iba a aterrizar sobre el cuchillo, controló el cuerpo y le guió por el aire para que esto no ocurriera. Un lateral de su cuerpo estaba al descubierto, y el segundo agresor tomó partido de ello atacando de forma brutal y deteniendo el cuchillo justo cuando la punta del mismo tocaba el “gi”. El maestro Nishiyama estuvo alerta y vio las dos diferentes situaciones, tomando una elección en décimas de segundo. Nishiyama sonrió y saludó al segundo agresor, quien igualmente era consciente del peligro de su compañero. Sonrió igualmente y saludó al maestro Nishiyama. Ambos habían “comprendido el momento” y los dos sabían que en una situación de “vida o muerte” las cosas habrían sido distintas.

Para quien pudo presenciar esto, era evidente que el maestro Nishiyama tenía su casa en orden. Había demostrado un completo control y una importante carencia de ego. A muchos karatekas del mundo les gustaría emular al maestro Nishiyama por sus acciones dentro y fuera del tatami. El problema es que la mayoría no sabe cómo hacerlo. No conocen la forma de traer orden y disciplina a su propia casa. Este desarrollo del orden y de la autodisciplina es uno de los beneficios inherentes del estudio de las artes marciales, y particularmente en karate, el sendero hacia el conocimiento de uno mismo comienza con el entendimiento del kata.

En el desarrollo y evolución de cualquier arte, es mejor trabajar con aquello que es familiar cuando uno trata de incorporar nuevas técnicas o ideas. Durante una de sus conferencias en los campeonatos especiales de entrenamiento JKA en el año 1974, el maestro Nakayama afirmó que los movimientos del kata “heian shodan” servían perfectamente y estaban diseñados para este fin. El estudiante, según progresa en el entrenamiento, puede volver a este kata básico e incorporar su conocimiento recién adquirido en los movimientos básicos. En el kata la primera posición se denomina “hachiji dachi”, piernas separadas, puntas de los pies mirando hacia fuera, etc…. En esta postura de preparación el estudiante deberá estar relajado y tranquilo, con su concentración puesta en el “tándem”. La respiración debe ser, igualmente, relajada. El alumno tendrá que ser consciente de que se está defendiendo contra cuatro oponentes y que todos los movimientos dependen de este factor.
El maestro Nakayama afirma: “Es de vital importancia permanecer tranquilo y relajado mientras se espera el ataque”. Cuando se ejecuta “la patada imaginaria”, los músculos del abdomen comienzan a tensarse, mientras que el resto del cuerpo permanece relajado y fluye a lo largo de un movimiento llamado “gedan barai”. En el momento en que el objetivo es bloqueado, los músculos de los brazos y las piernas deben contraerse, mientras que la tensión de los del estómago alcanza su cota máxima. Esta tensión (kime) permite que tu energía cinética se transfiera al miembro del oponente, anulando su ataque y alterando su equilibrio de forma que quede vulnerable a nuestro ataque. Cuando se empieza a efectuar el oi tsuki en contraataque, los músculos más grandes del cuerpo deberán relajarse mientras que aún persiste una ligera tensión en la parte central del abdomen. En el desplazamiento hay que usar la pierna adelantada para que tire del resto del cuerpo, y la pierna atrasada para que empuje en la primera mitad de la acción. A mitad del camino se han de encontrar las dos piernas, pasando el peso de la primera a la segunda y alterando su acción de “tirón-empuje”. En el justo momento del impacto con el blanco, los músculos se contraen nuevamente por una fracción de segundo. En la finalización del movimiento, mantén la forma en el golpe y deja que el cuerpo regrese a un estado de alerta relajada. Existe una pausa de tres segundos antes de que comience el movimiento siguiente.

Debido a que los miembros están estirados, tendrán que recogerse hacia el cuerpo mientras que el estudiante mira por encima de su hombro, ve el ataque siguiente, y manteniendo la relajación se gira y ejecuta un bloqueo descendente, tensando los músculos tan solo en el momento del impacto. Cada movimiento del kata deberá ser practicado de esta manera hasta que el estudiante pueda fluir de forma natural y suave desde un punto de relajación total a otro de dureza y contracción…, sin romper el ritmo y fluir del kata ejecutado. Todos los movimientos del kata y el uso correcto de los músculos deberán ser practicados hasta que el estudiante los ejecute sin pensar…, de forma natural.

El estudiante deberá ser capaz de expandir y contraer su cuerpo en perfecta armonía, puesto que es esta armonía de movimiento la que permitirá al karateka desarrollar velocidad y potencia en sus acciones. Como se ha afirmado con anterioridad, esto no es fácil, requiere muchas horas… y hasta años el dominar y controlar los músculos del cuerpo, pero con un entrenamiento adecuado y dedicación se obtendrá.
Esta autodisciplina podrá abrir las puertas internas de la consciencia, lo que repercutirá en la personalidad del practicante, haciendo de él una mejor persona y un alumno con un mayor entendimiento de sí mismo y del mundo que le rodea.

José Aguilar
Revista Cinturón Negro, año III – N.°22

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sep 28 2011

El entrenamiento del kata, una visión diferente


Aun cuando vuestro estilo no sea el karate, este artículo también es para vosotros. El autor, joven maestro experto en kata, traductor y alumno del gran Hirokazu Kanazawa, nos propone una reflexión acerca del entrenamiento de los kata en karate.

A pesar de las transformaciones o evoluciones, como queramos llamarlas, que han sufrido a lo largo de los años, los kata, o concatenación de movimientos de combate preestablecidos, son sin duda alguna la aportación más destacada con que la tradición nos ha obsequiado. A través de su entrenamiento hemos podido repetir las sensaciones y vivencias de los antiguos maestros. Cada uno lleva inscrito un mensaje secreto que solo la sensibilidad y los años de entrenamiento nos permitirán al fin desentrañar.

El presente artículo tiene como finalidad ofrecer una reflexión a los practicantes de karate-do sobre la importancia de la práctica del kata, como un elemento fundamental en el progreso de dicho arte marcial, si lo consideramos como tal.

Me gustaría empezar por separar el concepto de “arte marcial” del concepto “deporte”. En su concepción etimológica “marcial”, que proviene del latín “martialis”, hace referencia a Marte, el dios de la guerra. No voy a extenderme en los posibles malentendidos inherentes de la palabra “marcial”, como es el que puede pensarse restringido exclusivamente a los profesionales de la guerra, es decir, a los militares. El concepto de “deporte” se refiere a aquella actividad física ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas.
Ahora bien, partiendo de esta separación de conceptos, voy a enfocar el significado que tiene para mí el ejercicio del kata dentro de la concepción marcial, ya que aunque su efecto deportivo lo considero positivo para el desarrollo y la divulgación del karate-do, no es justo limitar este arte marcial, convirtiéndolo exclusivamente en un mero conjunto de reglas, normas y formulaciones competitivas, antes bien, utilizar estas como un medio para dar a conocer este “arte”, motivando a un tiempo a nuestros practicantes más jóvenes a ganar seguridad en sí mismos, a conocer a otros practicantes y así poder tomar referencias respecto al trabajo que se realiza en distintos dojos.

Conceptualmente, entendemos el “kata” como una representación formal de un combate imaginario contra distintos adversarios. Hasta este punto espero estar de acuerdo con la mayoría de los artistas marciales. Las diferencias pueden surgir a la hora de entender, entrenar y ejecutar este conjunto de defensas y ataques.

Podemos decir que el karate-do está compuesto por tres pilares fundamentales que, entrenados por separado, podrían parecer que no tienen nada en común, pero que un análisis más profunda nos revela que son como las patas de una silla y que forman un conjunto inseparable, en el que debemos buscar un equilibrio para progresar en nuestro arte. Estos pilares son el trabajo de kihon, el de kumite y el de kata.
En este artículo vamos a centrarnos en el trabajo de kata, aunque debemos dar el mismo peso a cada uno de los tres pilares.
Cuando trabajamos un kata debemos distinguir tres fases:

Aprendizaje

Hay autores que sostienen que existe un método mejor que otro para afrontar este primer paso. Tal vez exista un método idóneo para aprender correctamente un kata, no es mi intención en este trabajo rebatir o proponer un método específico de cómo enseñar un kata, sino más bien ahondar en las posibilidades que ofrece su práctica.
Es labor de cada instructor el informarse de los distintos métodos y transmitir su propia visión de lo que es para él un kata, así como de encontrar su personal modo de enseñarlo a sus alumnos de la mejor manera posible. Sin embargo, no puedo dejar de señalar la importante relación que existe en esta fase del aprendizaje con el gran pilar y fundamento del karate que es el kihon.

Generalmente, cuando aprendemos kata, lo único que hacemos es repetir movimientos sin fijarnos en otra cosa que en adquirir la suficiente capacidad psicomotriz para asimilar esta especie de “danza” llena de matices que nos acaban de enseñar. Pero debemos tener cuidado en los conceptos, ya que en realidad es obligación de los instructores transmitir constantemente la idea de que aprender un kata no es repetir una serie de movimientos, sino un conjunto de técnicas concatenadas, es decir, kihon. Es absolutamente distinto entrenar los kata como una sucesión de movimientos de brazo o pierna, o como una serie de técnicas específicas relacionadas unas con otras, con la conciencia alerta y puesta en hacer una buena defensa o un buen ataque, buscando efectuar la mejor técnica posible en la ejecución de cada uno de los movimientos. De esta manera, y adelantando lo que será la siguiente fase, conseguiremos “sentir” cada uno de los movimientos, así como sus aplicaciones. Es más, con el tiempo llegaremos a que cada técnica sea “algo interno”. Es decir, con la adecuada actitud mental que da el entrenamiento, lograremos integrar e involucrar cada célula, órgano y tejido de nuestro organismo en el movimiento o técnica kihon que estemos desarrollando.

Fase del desarrollo

Una vez que hemos aprendido el recorrido correcto del kata “embusen” y las distintas técnicas que lo componen, pasamos a una fase que suele durar mucho más tiempo y es aquella que se refiere al desarrollo y perfeccionamiento del kata.

Debemos ser conscientes de que el karate-do es un camino de perfeccionamiento continuo, tanto de la técnica como de los aspectos que forjan el carácter y la personalidad de cada individuo. Por lo tanto, aunque en esta fase el punto más importante sea perfeccionar nuestra ejecución del kata, debemos tener siempre en mente la actitud del constante perfeccionamiento, de forma que cuando estemos entrenando un kata básico, como puede ser un heian o pinan, podamos, trabajando con esta actitud abierta, aprender a mejorar día a día, tanto en nuestra técnica como en nuestra vida cotidiana.

Un error básico que muchos artistas marciales hemos vivido es el de infravalorar el trabajo de los kata básicos, pensando erróneamente en trabajar aquel que acabamos de aprender y que es una forma superior, sin darnos cuenta que en los básicos está la clave y el fundamento en el que se asienta el estilo propio de cada escuela, shotokan, shito-ryu, goju-ryu, etc.
En esta fase, un artista marcial puede acabar sus días de práctica activa, ya que es muy difícil llegar a alcanzar un dominio absoluto de todos los kata y solamente unos cuantos escogidos podrán hacerlo, mientras que el resto de los mortales debemos seguir trabajando con ilusión todos los días, mejorando y aprendiendo de otros compañeros. Sin embargo, es en esta fase cuando la ejecución de un kata puede dar un salto cualitativo en nuestra evolución personal, porque nos damos cuenta de que no tenemos que pensar en los movimientos, sino que fluyen y percibimos que poco a poco uno lleva naturalmente al siguiente.

Podemos entonces estudiar un poco más profundamente la filosofía y el mensaje oculto que encierra cada kata en su interior, así como sus “aplicaciones” o “bunkai”, con lo que nuestro entendimiento y comprensión del kata se eleva considerablemente.
El bunkai es uno de los aspectos más descuidados a pesar de su gran importancia en el conjunto y la evolución de la comprensión, tanto de los estudiantes como de los instructores. El bunkai enriquece nuestro karate-do, lo dota de sentido y lo eleva por encima de la mera danza.

No existe un solo bunkai para cada kata. Cada estilo tiene más de un bunkai. Son interpretaciones de los kata y existen muchas posibilidades, pues en general los kata encierran una gran riqueza. Soy de la opinión de no caer en la tentación de inventar aplicaciones y antes bien, soy partidario de aprender de los distintos maestros, forjando con los años nuestra propia visión de la aplicación, aquella que más se adapte a nuestras características.

Existen bunkai muy centrados exclusivamente en bloqueos y ataques, pero existen también otras interpretaciones en que se incluyen proyecciones, luxaciones y trabajo con armas tradicionales. Estas lecturas tienen la ventaja de acercarnos lentamente a otras artes marciales, como puede ser el jiu jitsu, el kobudo, etc…. Y así podremos enriquecernos al comprender los profundos lazos de unión existentes entre las distintas disciplinas marciales.

Es en esta fase donde podemos hacer un vínculo con otro de los pilares fundamentales del karate-do, ya que al practicar los bunkai, lo que estamos haciendo son ejercicios de yakusoku kumite. Es decir, estamos entrenando una forma de perfeccionar el combate.

Podemos decir que esta fase es una de las más bellas, especialmente en el caso de que seamos alumnos occidentales, pues nos cuesta entregarnos a esa primera etapa del entrenamiento en la que, sin entender el motivo, debemos realizar infinidad de repeticiones, tanto de técnicas como de kata, sin aparente razón. Es ahora cuando empezamos a vislumbrar lo que hay detrás de todo ese trabajo, detrás de ese sudor que hemos dejado en el tatami. Nosotros mismos vemos cómo las técnicas empiezan a desarrollar kime (intensidad, concentración de energía), paladeamos por primera vez el equilibrio y el placer de trabajar a la máxima potencia. Empieza a hacerse notar una presencia de ánimo, un ritmo y una contundencia que, en definitiva, da sentido a esa serie de “movimientos gimnásticos” que hacíamos durante las primeras repeticiones de los kata. Ahora, virtud a nuestro esfuerzo y perseverancia, se han convertido en aquello que veíamos ejecutar con admiración a nuestros cinturones superiores, aquello que anhelábamos alcanzar.

Es siempre positiva la referencia de los cinturones de más grado, pero no es correcto enfocar nuestro entrenamiento con la idea de adaptar nuestro karate-do al de otras personas, ya que como dije al principio, el karate-do es un camino de desarrollo personal y no debe ser el resultado de la copia de otros artistas.
Desde el punto de vista de los instructores, es en esta fase donde tenemos que motivar a nuestros alumnos para que puedan descubrir por sí mismos lo que significa practicar un arte marcial.

Excelencia y dominio del kata

Este es un punto en el que no puedo extenderme ya que solo corresponde a los grandes maestros, de los cuales, como en todos los estilos, hay solo unos pocos. Es a ellos a los que debemos remitirnos para resolver dudas y preguntar por el camino a seguir en nuestro avance.
Es en esta fase donde vemos la esencia del karate-do a través de los grandes especialistas, al ver tanto una técnica perfecta, como una potencia y un equilibrio tal, que nos permite fácilmente visualizar cómo se está realizando un combate real contra oponentes imaginarios.

Sin duda es esencial en nuestro esfuerzo por alcanzar tal dominio, el perseverar y el entrenar con entrega y con ilusión. En las artes marciales, como en la vida, existen momentos de euforia y otros de tristeza o desánimo. La desgana, la duda sobre nuestro progreso, nos acorrala a veces. Muchos son los que abandonan y generalmente al hacerlo entran en una fase autodestructiva. Es en estos momentos donde hay que superarse y si somos capaces de seguir trabajando, podemos decir que de hecho habremos avanzado a pasos agigantados hacia este último nivel. La excelencia es hija de la comprensión y de la perseverancia.
El trabajo de kata es de vital importancia para el desarrollo del karate-do como arte marcial, ya que engloba en la fase de aprendizaje, tanto el trabajo de técnicas fundamentales, como una forma de desarrollar el combate a través de la práctica de los bunkai. Por lo tanto, es el nexo de unión de los tres pilares en los que se asienta el karate-do.

Jesús A. Fernández
Revista Cinturón Negro, año IX – N.°94

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sep 02 2011

Mi experiencia en Brasil

Mi primera  experiencia en Brasil fue en el año 2007, cuando viajé a dar mi examen para shodan, ya que en Chile no pude darlo  tras problemas políticos, los que impidieron que Machida sensei pudiera tomarlo. Tras ese inconveniente,  y por una invitación que me hiciera Machida sensei para que rindiera examen en Brasil, debido a que viajaba Imura sensei  y sería una buena oportunidad para rendir examen,  viajé y comenzó mi experiencia en dicho país.

Dos semanas después de esta invitación llegué a Brasil, ciudad de Sao Paulo, sin hablar una palabra de portugués; una lengua que acá se aprecia fácil, pero estando allá uno se da cuenta de que es muy compleja y ellos tampoco nos entienden mucho. Fue una odisea llegar al centro de Sao Paulo, una ciudad enorme en comparación con Santiago o Buenos Aires. Cuando viajé (y todavía lo sigo haciendo) me movilicé en buses y metro, ya que pienso que cuando esté más viejo lo haré como un turista que tendrá más comodidades; por ahora mi edad todavía aguanta estos viajes. De Sao Paulo me tuve que trasladar a Aruja, un pueblo pequeño que está a dos horas del centro de Sao Paulo, donde la colonia residente japonesa tienen un club de campo extraordinario: es un mini Japón en Brasil.

Ese día comenzó levantándome a las cinco de la mañana del hotel que pude encontrar, ya que en esas fechas y justo en esa semana se encontraba el papa Benedicto XVI y estaba todo lleno. Viajé sin tener reservas de alojamiento. Estando en Brasil buscaría y me costó casi cuatro horas de caminar; en llegar del aeropuerto de Guarulos al centro me demoré alrededor de tres horas. Hasta ese momento pensaba en regresar a Chile. Sin que nadie te entienda mucho y sin entender nada era el panorama más auspicioso, pero yo tenía un compromiso con Machida sensei y, según lo que sensei René Vildósola me había enseñado, cuando uno da la palabra con un japonés tiene que cumplir a como dé lugar. Teniendo eso en mente como una regla a seguir sin contradicción alguna seguí adelante; después de unas horas de viaje me encontré en Aruja,  en el Country Club Nippon. Llegué a las 09:00 de la mañana y todavía no había nadie de karate. Como a las 11:00 de la mañana llegó la secretaria de la JKA Brasil, Mónica Pardo, con quien no me entendí mucho, aunque ella me entendía más a mí. Lo único que yo sabía era que tenía que encontrarme con Machida sensei, que era la única persona que yo conocía de Brasil. Él llegó junto con Sasaki sensei y con Imura sensei; cuando me vio me dio un tremendo abrazo y me dice “Ven que te voy a presentar a Imura”, cosa que lo encontré fuera de lo común y casi una broma,  ya que en Chile uno por lo general no tiene acceso a este tipo de sensei y fue algo que jamás se me olvidará. Ese año Machida sensei me trató casi como un padre, donde no había alojamiento él hizo que me buscaran, cuando quise llamar a Chile mandó a una persona para que me prestara el teléfono sin cobro alguno, y me cobraron menos en todos los pagos. Hasta el día de hoy tengo una relación muy cercana con Machida sensei, Sasaki sensei y los hijos de Machida sensei, lo que, como ya he dicho, es muy poco común en Chile…, y pienso que ellos se han dado cuenta de que no busco otros intereses más que aprender karate. No pido membresías o apoyo político de ninguna naturaleza, solo pido lo que en karate se puede pedir: que te enseñen y uno aprender, esa es la clave de la relación que uno puede tener con algún sensei. Hasta hoy tengo pendiente la invitación que Machida sensei me hizo para entrenar en su dojo en Belem; pienso que de todas formas lo haré próximamente y para mí será un verdadero honor poder estar entrenando en su dojo. Recuerdo cuando Chinzo, uno de los hijos de Machida sensei, me escribe que para ellos sería un honor recibirme en su dojo. Yo pienso que el honor es totalmente mío con todo esto,  aprendí a querer al karate más de lo que mi propio sensei me había hecho querer.

Entendí que para aprender muchas veces hay que salir del país, para tener visiones distintas de lo que uno puede ver acá en Chile, donde en muy pocos dojos se entrena y practica karate JKA. Hay una confusión muy grande con lo del karate deportivo, que según mi apreciación puede ser cualquier cosa menos karate-do. Afortunadamente, en Brasil las bases se mantienen intactas y se hace y respira karate JKA. Después de esa visita he vuelto a Brasil en dos ocasiones más (año 2010 y año 2011), y cada vez que vuelvo siempre me encuentro con verdaderos amigos que no tienen intereses políticos, sino más bien intereses de karate: preguntan técnicas, te enseñan, hay un verdadero intercambio de conocimientos, donde se respira el respeto y la admiración por los maestros más antiguos. No me había tocado estar en un lugar donde se respetara tanto la palabra sensei. ¿Por qué ellos lo sienten así? Porque entienden que son maestros, y no comerciantes o políticos que quieren sacar provecho o manipular situaciones para obtener resultados a corto plazo. Lo bueno de viajar a Brasil es que cada vez  me doy cuenta de que tengo mucho que aprender y mucho que entender de karate, que esto no se acaba después de tantos años de práctica, sino que comienza cada año, cada vez que das un grado, cada vez que estás con algún sensei y te hace entender la base del karate.

Considero que soy muy afortunado en tener tantos amigos en un país que no es el mío,  en el que la gente de karate es tan acogedora que dan ganas de volver todos los años y, a veces, de quedarse por mucho tiempo. Tener la oportunidad de estar con Machida sensei y Sasaki sensei, ver que tras cada técnica que hacen hay un conocimiento tan grande en karate,  que es un movimiento espontáneo lleno de sabiduría… y no ego, soberbia, vanidad. Y lo más confortable es que uno los ve cada vez más saludables y fuertes. He tenido la suerte  de estar en el dojo de Sasaki sensei y es un ambiente tan grato y tan lleno de karate que es algo que genera envidia. Ver gente mayor de sobre sesenta años, que entrenan con las mismas ganas y esfuerzo que cuando tenían veinte, es realmente envidiable, cosa que acá en Chile se perdió hace mucho tiempo.  Cada vez que viajo quedo comprometido a entrenar en diferentes dojos de Brasil; creo que me faltará vida para poder cumplir con todas las invitaciones, pero si tengo los medios para hacerlo seguiré yendo a ver y a entrenar con mis grandes amigos, quienes no tratan de sacar ventajas de tu persona y menos provecho; es un ambiente lleno de karate y siempre se habla de karate. He tenido la suerte de estar en contacto con ellos todos los años desde el 2007, ya que nos encontramos en otras actividades y torneos sudamericanos, y jamás me han hablado de política ni de ser grandes. Pienso que la diferencia que puede existir entre ellos y nosotros en Chile es que han sabido dejar esas diferencias tontas de envidia, rencor, venganzas o pretensiones frustradas por algo más importante que es la JKA Brasil. Ver gente que trabaja de una manera organizada y mancomunadas en un mismo fin es realmente envidiable, para ellos primero está la JKA, después las envidias o diferencias tontas que lo único que logran es alejar cada vez más a la gente, como sucede acá.

La pena más grande que se puede tener es observar que en Chile cada vez se hace más grande esa brecha del trabajar cada uno por un lado y no hay un sentido de lo que es realmente privilegiar la JKA sobre cualquier otra cosa, al parecer acá reina la envidia, el querer ser lo que el otro es, el corregir al otro sin tratar de corregirse uno mismo, el estar más preocupado de lo que dice o hace el otro en vez de preocuparse de uno. Lamentablemente todas estas razones hacen que en Chile no podamos crecer y menos aún hacer crecer a la JKA Chile, como lo fue hace un tiempo a la fecha, cuando comencé con el karate tenía aproximadamente diez años, y en esos años te impresionaba la cantidad de gente que había en la JKA, ahora impresiona que cada vez somos menos, la gran mayoría han emigrado a otros estilos de karate u otras organizaciones y la JKA es cada vez más pequeña. Ojalá algún día vuelva a ser lo que fue y no lo que es ahora, una mezcla deprimente de karate deportivo con katas shotokan, y esto es lo que me hace volver cada vez a Brasil: ellos hacen, viven y respiran JKA.

Cuando  algún día se logre entender esto, Chile será un país grande en el karate JKA. Antes de eso seguiremos siendo lo que somos hoy en día: una serie de caudillismos que tratan hipócritamente de trabajar juntos para algún torneo nacional.

Afortunadamente, encontré un compañero de viaje (sensei Mauricio Ganga) que es tan o más fanático que yo por el karate y por la JKA, quien ya me acompañó por dos años consecutivos a Brasil, entiende claramente las diferencias que existen entre ellos y nosotros y sabe que el camino para que la JKA Chile vuelva a ser lo que fue no es el que llevamos. Espero tener salud suficiente para ver cuándo la JKA en Chile vuelva a ser grande como lo fue y no lo que es hoy en día.

Dedico estas líneas a toda la gente de la JKA Brasil, en especial a Mónica Pardo, quien ha sido una gran, gran amiga, y a su familia que cada vez que viajo me reciben como uno más de su familia. También a mis amigos de la selección de Brasil: Fabiño, Jaime, Wagner, Rafael, Luis, Pablo, sensei Gerson de Almeida y todos los otros que son tantos que estaría todo un día escribiendo, y de una manera muy especial a sensei René Vildósola, por enseñarme cuáles son los verdaderos valores de karate, que se alejan mucho de lo económico, y a sensei Mauricio Ganga, por ser fiel a su amor por karate y en especial a la JKA.  A petición de él escribo estas líneas para su página y espero que más adelante pueda escribir otro con una visión más auspiciosa del karate en Chile.

¡Osssssssssss…!

Juan José Gutiérrez Campusano
2° dan JKA, miembro de la JKA Brasil

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mar 09 2011

El saludo

“Rei de hajimari, rei ni oaru”
Empezaré siempre con saludo, terminaré también con saludo

El saludo, al contrario de lo que algunos piensen, no es una muestra de sumisión; si bien en su origen sí lo fue cuando se utilizaba entre los diferentes estratos sociales del Japón feudal, por ejemplo: la relación jerárquica entre los señores feudales (daimyo) y sus súbditos o vasallos, o el escalafón militar.

Para el practicante de artes marciales el saludo debe ser una muestra de sincero respeto y a su vez de agradecimiento. Cuando realmente se siente, y no se hace por imitación u obligación, el saludo enaltece a la persona. Tanto al que respetuosamente lo inicia, como al que humilde y agradecidamente lo recibe y a su vez devuelve.

Aquel que por el mero hecho de ser tal o cual dan cree que se merece todos los respetos, y que la gente debe besar por donde pisa no es sino un iluso que piensa que el respeto y la aceptación se obtienen con danes, títulos o ganando campeonatos. Sin embargo, el respeto, en cualquiera de sus formas, se obtiene sin buscarlo, porque la persona digna de él irradia algo especial que es perceptible para las personas receptivas. El respeto se transmite por el mejor de los conductos…, la sinceridad.

En consecuencia, no es de extrañar que algunas personas no sean apreciadas, ni tan siquiera respetadas, pues el que no actúa sinceramente nada puede recibir a cambio. Sentimientos como la envidia, celos o resentimiento no son admisibles dentro del dojo, pues en él debemos cultivar valores tales como la sinceridad, autocontrol, paciencia y perseverancia; en definitiva, el desarrollo personal. Por tanto, si en alguna ocasión aparecen, pues todos somos humanos, hay que desecharlos de inmediato.

Algunas explicaciones del saludo

  1. El saludo en la entrada del dojo: significa que nos adentramos en un ambiente en el cual debe reinar la concentración, introspección y el silencio. Además, al dirigir el saludo hacia el kamiza demostramos nuestro agradecimiento a los maestros del pasado, sin los cuales no hubiera sido posible el paso de sus conocimientos de generación en generación.
  2. El saludo al profesor y/o grados superiores: es una forma de reconocimiento sincero y de aceptación de unas normas y valores que estos representan: antigüedad en el dojo, afán de superación, constancia, dedicación y compañerismo.
  3. El saludo entre compañeros: antes de comenzar cualquier ejercicio el saludo nos predispone a compartir nuestro saber con la mejor de las intenciones, superarnos a nosotros mismos y que la interacción mutua sea el vehículo para la mejora de nuestras actitudes y aptitudes. Al final del ejercicio el saludo mutuo es una muestra de agradecimiento, ya que sin la compenetración y entendimiento entre compañeros no sería posible la evolución en este arduo arduo camino.
  4. En los exámenes y/o ejercicios individuales: el saludo nos predispone a centrarnos en nuestra actividad interior en un estado de vacuidad y calma total.
  5. El gesto del saludo: debe ser respetuoso, pero no carente de la máxima atención. Según la tradición marcial, en cualquier momento puede surgir una agresión o peligro y, por consiguiente, no existe tiempo para el adormecimiento o la actuación mecánica. No olvidemos que un fallo o despiste en un deporte puede suponer una desventaja, sin embargo, cuando se trata de las artes marciales puede suponer algo mucho más preciado. En el deporte existe el tiempo…, en las artes marciales solo el instante.

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feb 23 2011

Karate en Japón

Muchos estudiantes de karate me han preguntado si pudiese escribir acerca de cómo es el karate en Japón, y para ello he escrito un libro con todas mis experiencias en Tokio. El siguiente es un breve reporte mientras se publica mi libro y espero sirva de guía para aquellos que practican karate y deseen saber acerca de la cuna de este arte.

Hay muchos alumnos de karate que comienzan entrenando en Occidente y a medida que van progresando quieren naturalmente saber más. Aquí surge el primer problema, ya que son muy pocos los instructores de karate en Occidente que hayan tenido un instructor japonés de alto rango, y mucho menos los que hayan sido aceptados como alumnos. ¿A qué se debe esto? Simplemente a que los maestros japoneses son muy exigentes al enseñar y no pierden el tiempo con un alumno que se entrena a medias o que no sabe cómo ser un buen alumno.

En Occidente, especialmente en Europa, existen unos pocos exponentes que han logrado gran destreza en sus técnicas y un alto rango dentro de la JKA y son respetados en el mundo entero. El abismo cultural entre Occidente y Oriente es muy grande, y a menos que un estudiante de karate tenga un gran entusiasmo por el arte que practica, no pasará de ser un exponente común.

A pesar de haber vivido personalmente cerca de 20 años en Tokio, exclusivamente entrenando karate, tengo que decir que el estudio del karate es muy profundo. Karate en Occidente es enseñado más intelectualmente que espiritualmente, se hacen muchas preguntas, las explicaciones son extensas, se dan largas charlas, y los que entrenan generalmente pierden mucho tiempo corrigiendo a los demás en lugar de preocuparse más de pulir sus propias técnicas.

En Japón mientras más alto el dan más excelente es la persona. El dan (un paso) existe en todas las artes (karate, judo, ikebana, kyudo, shodo, etc.) y el alumno va progresando en destreza y autoconocimiento, el logro es personal y no tiene nada que ver con la búsqueda de reconocimiento por parte de los demás, el reconocimiento llega naturalmente, no solo de parte de los maestros, sino que también de la sociedad.

Uno de los requisitos básicos para progresar en karate es sentir pasión por este arte, pienso que ahí está la diferencia con aquellos que practican a medias. El otro requisito es entender el concepto de MU (no mente). No mente significa entrenar buscando que el cuerpo entero se transforme en un vehículo de percepción del adversario, para esto hay que abandonar el raciocinio intelectual. Este estado de no mente es la clave.

En mi experiencia personal, mientras más concentrado me he encontrado en mi práctica personal, mayor ha sido mi habilidad para percibir los movimientos de mi adversario, y esto me ha ayudado para desarrollar mi sentido de sentir y de percibir a las personas en la vida cotidiana.

Es por eso que el primer precepto del dojo kun dice “Sé sincero”. En karate no puedes ser falso ni pretencioso como es la gente en la vida normal, estamos desnudos y aquel que se pone un traje para disimular sus intenciones del corazón no se da cuenta que es visto y evaluado por todos los que están alrededor.

Pienso que las artes japonesas son un vehículo que ayuda mucho al ser humano a hacerse fuerte, a superar sus debilidades, a lograr un autoconocimiento más profundo y a ser un mejor miembro de la sociedad. La palabra “migaku” (pulir) se usa mucho en los dojos en Japón, uno entra al dojo a pulir sus técnicas y más que nada a desarrollar su carácter.

Dentro del ser humano existe una gran energía y puede ser prendida por el fósforo que es karate-do.

René Vildósola
6º dan JKA

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ene 24 2011

Honor

Desde hace muchos años atrás se dice que un hombre sin honor no vale nada.

Para guardar el honor y tener orden en sus relaciones, los samuráis del Japón seguían un código de etiqueta, el cual pasó a llamarse bushido o “camino del guerrero”.

Aquel samurái que faltaba al código no recibía un castigo en el sentido en que la sociedad lo da al mundo cívico bajo sus leyes, sino que él debía otorgarse un castigo a sí mismo en frente de los demás samuráis. De esta forma salvaba su honor y seguía siendo respetado por el resto.

El camino de los samuráis era difícil y muy sacrificado. Se caminaba cuidando de no cometer faltas al código y se vivía con honor. Se pagaba por los errores cometidos o no se podía pretender pertenecer a dicho grupo.

Karate-do, su pensamiento, código de conducta y filosofía básica provienen del bushido. Hoy en día, este código abarca todas las artes marciales y se le denomina budo o “camino de las armas”.

No se puede pretender lograr un alto grado en el aprendizaje del karate, de sus técnicas de combate y kata sin la filosofía del budo, el que disciplina el carácter y el espíritu.

Para aspirar a un grado de excelencia, un karateka debe buscar como objetivo final la unificación de la técnica y del espíritu, sin subrayar una a expensas de otra, error común de muchas disciplinas.

Los miembros de nuestra disciplina toman, por voluntad propia, la decisión de seguir este código de conducta y, por supuesto, la responsabilidad de resguardar el honor propio.

Es necesario comprender profundamente que se nos están presentando constantemente oportunidades para tomar decisiones, algunas pequeñas y otras mayores. Es necesario asumir con responsabilidad el resultado de nuestras decisiones. Si estos son buenos es gratificante, pero si no lo son se debe aprender rápidamente del error, buscar una solución y no pretender evadirlas, lamentarse, excusarse, o bien, agobiar a los demás con nuestros problemas.

Enfrentarse con las consecuencias de nuestras propias acciones es el honor del budoka.

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