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feb 17 2012

Masatoshi Nakayama: la última entrevista

El 16 de abril de 1987, hace ya casi doce años, el maestro Nakayama, instructor jefe de JKA, discípulo directo del fundador del karate, Gichin Funakoshi, y una de las figuras más destacadas en la historia y evolución del karate moderno, nos abandonó para siempre. Tenía 74 años, pero nadie esperaba un desenlace tan fulminante. Al menos nunca lo hubiera imaginado el entonces joven maestro y practicante de wado ryu, escritor y frecuente colaborador nuestro, S. Herraíz, cuando se encontró con sensei Nakayama en su casa, solamente tres semanas antes de su deceso, para hacerla la que sin duda fue su última entrevista, el último testamento de su pensamiento y forma de afrontar el karate. Para tranquilidad de nuestros lectores, debemos decir que no se trata de una entrevista apócrifa. Dado que Nakayama no vive, cualquier desaprensivo podría llegar con una entrevista bajo el brazo concedida por el mismísimo Moisés y jurando en hebreo que es auténtica. Afortunadamente, el autor tuvo la buena idea de grabarla en video, un video que se ha puesto a la venta hace poco y del que extractamos algunos de sus más interesantes pasajes. El valor de este documental es múltiple: no solo por su oportunidad histórica, sino también porque muchas de sus respuestas fueron definitivamente visionarias; desde su atalaya, sin duda su visión alcanzaba lejanías en el espacio-tiempo que la historia ha querido venir a certificar con su temosa rotundidad. Fue uno de los más grandes de la historia del karate; un hombre con carácter, un personaje tantas veces controvertido, pero al que sin duda todos los karatekas del mundo debemos gratitud por su enorme tarea reguladora y comunicativa. Desde su muerte, la Japan Karate Association nunca volvió a ser la misma. Su división en dos ramas fue su último estertor. Los tiempos gloriosos del Japón al frente del karate mundial dejaron paso a su universalización, y esto supuso el final de un estilo, de unas maneras y una hegemonía muy particulares. Muchas cosas positivas vinieron después, pero sin duda otras magníficas quedaron en el camino. Unos tiempos heroicos que entraron ya en la leyenda. No viene al caso la nostalgia, pero sí es justo el reconocimiento a una labor pedagógica y estructuradora que permitió al karate llegar a ser lo que es hoy en día: el principal puntal de la cultura nipona en el mundo, el principal arte marcial japonés en todo el planeta. Masatoshi Nakayama nos legó libros excelentes, algunos videos, formó a grandísimos instructores, envió representantes del arte por todo el planeta, y supervisó su enseñanza actuando como aglutinador de tendencias, en una labor que el tiempo ha demostrado ímproba. Merece pues nuestro reconocimiento y gratitud más calurosas. Sirva este artículo de homenaje a su figura y labor. Sensei…, descanse en paz.

Masatoshi Nakayama: su última entrevista en vida.
Masatoshi Nakayama sensei, uno de los principales alumnos de Funakoshi Gichin sensei, e instructor jefe de la JKA, murió en abril de 1987. Un mes antes de su muerte, Nakayama sensei se reunió en su casa de Tokio con Salvador Herraíz en lo que sería la última entrevista en vida del gran maestro de karate shotokan. En aquella conversación, Nakayama sensei repasó los principales momentos en la historia del karate, en su vida, en la JKA, y habló además de su filosofía y de los peligros que acechan al karate por parte del exceso y erróneo planteamiento deportivo y competitivo.

Ahora, once años más tarde, rescatamos esta interesante entrevista que además cobra gran interés, debido a alguno de los temas que en ella aborda, como es el karate olímpico… La gran renovación de practicantes que sufre el karate, hace que miles de personas tengan ahora la ocasión de conocer las ideas de este gran maestro a través de sus respuestas.
Masatoshi Nakayama fue sin duda el padre de JKA hasta su muerte. A raíz de su desaparición, la organización se dividió en dos ramas, así como sus principales maestros. La unión desapareció con él.

Semblanza de Nakayama

Masatoshi Nakayama nació en Kanazawa, Japón, en el año 1931. Inició su aprendizaje de karate en 1931, y tuvo como mentor, desde su instalación en Tokio, al maestro Gichin Funakoshi.
Realizó sus estudios en la Universidad de Takushoku, donde se graduó en 1937, trasladándose a continuación a China con el fin de aprender el idioma, y a la vez complementar sus ya notables conocimientos sobre el karate, con el estudio de diversos estilos de lucha de las escuelas del continente, cuna original del okinawa te que es el padre del actual karate-do.

Unido de siempre a su “alma mater”, hasta el punto de que su dojo privado llevó este nombre, se incorporó en 1952 al claustro de profesores de la Universidad de Takushoku, siendo nombrado posteriormente director de Educación Física de la misma.

Tras la muerte del maestro Funakoshi, en 1955 ocupó el cargo de instructor jefe de la Japan Karate Association, desde el que difundió sus conocimientos a través de constantes viajes por Asia, América y Europa, labor en la que no cesó hasta su muerte, impartiendo sus enseñanzas y siendo auxiliado en muchos casos por instructores de la JKA que habían sido formados bajo su tutela.
A la par que esta labor divulgadora, dio un gran impulso al desarrollo pedagógico del karate, dentro de unas bases y formas de enseñanza actualizadas y conformes con las circunstancias de su expansión mundial. A este respecto, fue autor de innumerables publicaciones, entre las que destacan: “La dinámica del karate”, un clásico ya dentro de la bibliografía sobre el tema, con incontables ediciones en todos los idiomas; y “Karate superior”, una revisión exhaustiva de la evolución del karate en los últimos 20 años, en la que se abarca, a través de sus once tomos (dos de ellos aún en imprenta), desde los conceptos básicos hasta los kata más notables, pasando por un amplio trabajo sobre kumite, y una detallada revisión de las normas científicas que rigen el desarrollo técnico de este arte marcial.

A su muerte, el 16 de abril de 1987, ostentaba el grado de 9° dan y la dirección de la Japan Karate Association.
Su muerte llenó de luto no solo a su escuela y seguidores, sino a todo el karate mundial.

-Maestro, ¿cuántos años tiene, y cómo empezó a practicar karate?
(Se rió al interesarme por su edad, y con tono de no decirme toda la verdad).
-“Tengo 74 años vividos”. (Su esposa, por detrás suyo, me hacía señas con los dedos, indicándome la edad, que no conseguí entender al ser sorprendidos por el sensei). “En cuanto a mis comienzos, a los 17 años practiqué kendo; un día me equivoqué de hora, y cuando fui a entrenarme en la universidad, vi a un grupo de karatekas que rodeaban entusiasmados a un pequeño hombre llamado Funakoshi. Ese fue mi principio, y hasta ahora”.
-¿Desde entonces ha practicado únicamente karate, o ha complementado su entrenamiento con algo más?
-“No, solo he practicado karate”.
-Cuéntenos algo del karate de aquella época, por favor.
-“El maestro Funakoshi aprendió desde pequeño, y en 1922 hizo una exhibición organizada por el Ministerio de Educación (Funakoshi era maestro de escuela también). Lo que practicaba en aquel momento se llamaba to-te. A partir de aquella exhibición, el karate se desarrolló mucho. Funakoshi trabajó desde entonces, y hasta hace unos 30 años, para que el karate fuera popular y conocido, como lo es el judo o el kendo”.
-¿Cuándo introdujo Funakoshi el término de “do”?
-“Hacia 1935, Funakoshi introdujo el “do” en su libro. El karate era ya más oficial en Japón”.
-¿Cuándo nace el shotokan como estilo?
-“Shotokan no es un estilo o secta de karate. En 1936, Funakoshi abrió un dojo al que llamó shotokan, porque Shoto era su seudónimo al escribir poesías. No me gusta pensar que shotokan es un estilo de karate, y por ello acostumbro a decir que no soy de shotokan, sino de la Asociación de Karate de Japón. Todos los estilos vienen de Funakoshi sensei”.
-¿Cómo estaba organizado el karate por aquella época?
-“Bueno, principalmente estaban el maestro Mabuni, que enseñaba en la zona de Osaka, y el maestro Iwata, en Tokio, ambos de shito ryu. Gogen Yamaguchi, de goju ryu, que estaba y sigue estando en Tokio. El goju ryu tenía también mucha relación con China y sus artes. Con Miyagi sensei viajé varias veces a China para aprender las formas de allí. Él era de Okinawa”.
-¿Tenían ustedes contacto? ¿Se reunían o se entrenaban juntos?
-“Al principio había reuniones y se enseñaban técnicas unos a otros. Luego ya se dejó aquello”.
-¿Qué recuerda Ud. especialmente en su vida dentro del karate?
-“Bien, en 1948, el maestro Mifune de judo, Azuo Nakayama de kendo, y yo de karate, fuimos a enseñar a los campos militares. Los militares, que eran profesionales, aprendieron estos sistemas y más tarde fueron enviados a Europa. Así, en los países de la OTAN, nuestras artes marciales se difundieron y adquirieron gran popularidad. En 1950 esta popularidad era mundial, y la competición aumentó el interés notablemente”.
-¿Cómo eran aquellos militares que aprendían karate entonces?
-“Lo que más recuerdo es que estaban obsesionados con los porqués de las cosas. Siempre preguntaban el porqué se hacía una técnica así, el porqué no era así, por qué, por qué…, esos porqués fueron la razón de que yo escribiera mi libro “Dinamic karate”. En él respondía a los porqués de las técnicas. Creo que a algún karateka de Estados Unidos todavía le duele alguna de las explicaciones de los porqués”.
(En ese momento, el maestro Nakayama rió sonoramente, al tiempo que su esposa nos ofrecía una taza de o-cha, o té verde japonés).
-¿Cómo fue el inicio de la competición en el karate, aspecto que Ud. tanto ha desarrollado, organizado y defendido?
-“La primera competición se celebró en el año 1957. La JKA organizó el campeonato, pero otros estilos de karate también tenían opiniones contrarias. Funakoshi nunca había dicho nada sobre hacer o no competición. Esta primera fue un rotundo éxito. El karate antes era un sistema de educación física y un arte de defensa, pero a partir de esa competición fue también desarrollado como deporte. Esto le dio mucha más popularidad. Después vinieron otras competiciones, como la de la federación de estudiantes… Me preocupé mucho de no perder la forma, el kata, por la competición. Por ello realicé estudios sobre danza y otras cosas”.
-¿Cuándo dejó de ser la competición algo exclusivo de la JKA para entrar en juego el resto de estilos?
-“Bueno, tras los éxitos de la JKA en cuanto a la organización de la competición, los cuatro principales estilos, o sea, wado ryu, goju ryu, shito ryu y shotokan, representados respectivamente por Hironori Ohtsuka, por Yamaguchi Gogen, por Kenei Mabuni y Manzo Iwata, y por mí, formaron la llamada Federación Japonesa de Karate. Esto ocurrió en 1962, y en 1965 se hizo la primera competición de esta federación”.
-¿Qué opina de que el karate pueda llegar a ser olímpico, ahora que parece que ello está ya cerca?
-“Creo que es bueno para su difusión y desarrollo, pero no se debe olvidar el significado”.
-¿Por qué Funakoshi, pasando a otro tema, cambió los nombres de los kata, que eran chinos por su origen, y los denominó con nombres japoneses?
-“Cuando el karate empezó a ser muy popular en Japón, había que adaptar su terminología a sus practicantes. Para los japoneses no era natural ni cómodo denominarlos con palabras chinas”.
(El maestro Nakayama, como he dicho antes, vivía envuelto en libros de karate. A menudo, durante nuestra conversación, recurrió a libros y apuntes para darme datos, fechas, etc., o para enseñarme fotos, entre las cuales tenía gran importancia para él una que mandó a traer a su esposa, en la que aparecía saludando al rey Juan Carlos I, tras efectuar ante él una exhibición de karate durante la visita que los monarcas españoles realizaron al Japón hace unos años. Uno de los libros que me enseñó, y que posteriormente me dio, es el titulado “Karate-do kiohan”, el primer libro escrito por el maestro Funakoshi sobre el karate).
-“Funakoshi aparece en este libro con el maestro Ohtsuka Hironori, que en 1931 se había separado de Funakoshi creando el sistema wado ryu. Ohtsuka era mi senpai en el dojo de Gichin Funakoshi. Yo era tercer dan y Ohtsuka era cuarto”.
(Como dato curioso, el precio que el libro costó al maestro Nakayama: 2,5 yenes –unas dos pesetas-. Más tarde, cuando llamó por teléfono a la editorial para que le repusieran el ejemplar que me iba a dar, Nakayama sensei, haciendo gala una vez más de su buen humor, quiso confirmar si el precio seguía siendo ahora de 2,5 yenes.
Observé que el símbolo de shotokan, impreso en la funda y portada de “Karate-do kiohan”, estaba diseñado a mano, pues el círculo no era perfecto. Le pregunté sobre ello y sobre el significado del felino representado).
-“En el grupo de amigos de Gichin Funakoshi había un pintor llamado Koshugi. Él hizo el diseño de estén símbolo, que por cierto representa al maestro Funakoshi, pues así era visto por Koshugi, debido a la pequeña estatura y menudencia de Funakoshi, y a su gran poderío”.
-Maestro Nakayama, ¿cómo transcurren sus enseñanzas hoy en día?
-“Ahora ya no doy clases normales. Me dedico a realizar cursillos y en mi asociación doy clases especiales para instructores”.
-¿Qué es lo más importante que ha hecho a lo largo de su vida?
-“Hay dos cosas principales en mi vida: la organización de la primera competición, y las clases impartidas a los militares americanos. A causa de ello aprendí mucho y escribí libros. Ahora me preocupa el futuro”.
-¿Qué le preocupa especialmente para el futuro?
-“Es muy importante definir bien el wazari”.
(Entonces Nakayama senseo me hizo algunas demostraciones prácticas sobre el llamado “marcaje” en la competición de karate, haciendo hincapié en la forma correcta, en el kime y en la distancia. Después continuó hablando).
-“También es muy importante que pensemos que, aunque existan estilos, es más importante el karate global. Un karate grande. Los juegos olímpicos son otra preocupación para mí, pues si se reconoce el karate japonés como deporte olímpico, otros países como Corea, China…, con deportes similares, pretenderán lo mismo. La solución no sé cuál será. Algunos piensan en mezclar todos esos deportes similares en uno solo”.
(Pero el maestro Nakayama quería decirnos algo muy importante, quizá previendo los problemas que diez años más tarde iban a acuciar al karate).
-“Para aprender karate bien hay que hacerlo desde la base. Hay gente que solo piensa en ganar a otra persona y no en lo fundamental. Eso es un problema. Le quiero pedir a Ud., que escribe libros, que estudie sobre las profundidades del karate verdadero. Si el karate llega a los juegos olímpicos puede cambiar su forma”.
(El maestro Nakayama se veía preocupado por este tema que tanta cola ha traído diez años después).
-“Si el karate llega a los juegos olímpicos puede ser bueno, pero solo si no se olvida el significado del karate. Lo que es en verdad. Sobre todo, los más jóvenes, no deben olvidarlo, y más en los países extranjeros (no Japón)”.
(De regreso a España, mandé a Nakayama sensei unas fotos que me pidió de la entrevista, y que ilustran este reportaje, pero sin  motivo aparente en aquel momento, me fueron devueltas desde Japón por no encontrarse ya viviendo allí el destinatario. Pocas semanas después me enteraba de que el motivo era trágico: Masatoshi Nakayama había muerto escasos días después de nuestra reunión. Descanse en paz este maestro que, a buen seguro, desde entonces se habrá vuelto a reunir con viejos amigos.
Esta entrevista es un extracto sacado del video “Nakayama, su última entrevista”, filmado en su casa de Tokio un mes antes de su muerte, y en el que se recoge en imagen y sonido directo más de 80 minutos de charla traducida al español. El video está editado por “Wado ryu A. Karatedo”. Tfn: 949-219105).

Salvador Herraíz
Revista Cinturón Negro, año X – N.° 106

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feb 15 2012

8 razones por las que los niños deben aprender artes marciales


La defensa personal fue la última en la lista

“Mi hijo ha comenzado las clases en el colegio, pero mi marido lo ha apuntado a unas clases de artes marciales. Al principio, yo me opuse. Como psiquiatra y pacifista de toda la vida estaba preocupada por el lado violento, machista que puede estar implicado en el mundo de las artes marciales. Hoy, me arrepiento de haberle juzgado premeditadamente y sin conocimiento de causa. Mi hijo empezó a comportarse de otra manera y su vida cambió, Ahora es mucho más serio y condescendiente con sus compañeros y padres. Creo que los niños que se conducen dentro de los caminos de las artes marciales, son menos propensos a la violencia”.
Eran los comentarios de la doctora Álvarez Rey, psiquiatra, meses después de haber apuntado a su hijo en mi escuela de artes marciales.

La defensa personal es generalmente la primera razón por la que los padres apuntan a sus hijos en clases de artes marciales. Debería ser lo último, pero desafortunadamente es lo primero. El entrenamiento de artes marciales es mucho más que unas clases de patadas y puñetazos. Es un catalizador para promover la confianza en sí mismo, decisión, orientación hacia nuevas metas y objetivos, paciencia, concentración y muchos atributos más. Sí, pueden ser un método completo para los niños, en tanto en cuanto se les enseña correcta y responsablemente para controlar sus nuevas capacidades y técnicas aprendidas. De acuerdo con el famoso especialista en educación infantil, Nick Cokinos, los padres deberían enseñar después de las primeras lecciones de la vida, dos cosas: artes marciales y natación.

Estética bajo presión

Ernest Hemingway dijo alguna vez que el valor y el coraje son la estética, la gracia bajo presión. Las artes marciales se enseñan con gracia, con estilo. La fórmula es simple: aplica un poco de presión al estudiante, ayúdale a hacerlo él mismo y luego aplícale un poco más de presión.

La primera lección de coraje del principiante consiste en estar frente al adversario. Los estudiantes están en parejas y uno de ellos practica compostura y relajación, mientras que el otro practica estilos de golpear y el espíritu tradicional, prefiriendo el “kiai” y lanzando su puño hacia la cara de su compañero, por supuesto a una distancia de seguridad.
La primera experiencia, probablemente, sea más fácil para el pegador que para el que va a ser golpeado.

La mayoría de los estudiantes asustados se mueven, se separan y cierran los ojos cuando el puño vuela hacia su rostro, y las semanas pasan mientras ellos aprenden a hacerlo mejor y mejor, a calmarse y jugar con este tipo de movimientos.

Esto es conocido como “estar tranquilo en el medio de la tormenta”.
Sus latidos deberán llegar a ser normales, su atención centrada en su oponente y sus manos dispuestas y relajadas, y su mirada, fija en su objetivo.

Esta mera destreza beneficia a los alumnos en aspectos que van más allá de lo que es el “dojo” o lugar de entrenamiento. “Los padres notarán cambios sustanciales en los niños”, dice Luisa Fernández, madre de un niño cinturón marrón en artes marciales. “Mi hijo es más sensato ahora. Parece un adulto por su forma de comportarse y la seguridad que tiene, cosa que antes no tenía”.

El entrenamiento de artes marciales contiene muchas lecciones prácticas sobre actitud y seguridad personal. Algunos psiquiatras han recomendado entrenamiento de artes marciales para que pacientes lábiles e inseguros, y que han perdido la confianza en sí mismos, la recuperen.

Enfrentarse a una agresión real, representada de forma artificial en el “dojo”, puede hacer que encuentren parámetros para compararse con los demás y aporten solución a sus problemas.

Modelos a seguir

Los padres deben buscar promotores de las artes marciales y educadores que promulguen los valores adecuados y una buena orientación.
Una buena escuela de artes marciales es un cúmulo de modelos positivos a imitar. Los alumnos trabajan, entrenan y practican sus técnicas y ejercicios dando lo mejor de sí mismos.

Niños de 6 y 7 años que memorizan cientos de movimientos. O una abuelita que rompiendo clichés entrena con su hija y hasta con su nietecita. O el ejecutivo que abandona durante un par de horas su despacho para perder unos cuantos kilos. Y en algunos casos, un disminuido físico que intenta superar todos o parte de su hándicap, gracias al entrenamiento. Los “dojo” son lugares donde la gente especial y la gente normal desempeñan sus habilidades de un modo extraordinario. Esto supone que los niños pueden incorporar todas estas actividades positivas a su carácter.

Sentimiento y necesidad de continuidad y progreso

La ventaja que ofrecen las artes marciales, como deporte de equipo, sobre los demás es que cualquier niño/a puede participar tanto en entrenamiento como en competición.
Por otro lado, cuando un joven no alcanza la media de rendimiento del equipo, probablemente terminará en el banquillo, lo cual no sucede en las artes marciales, puesto que permiten desarrollar el máximo nivel a cada ejecutante, sin importar edad, estilo o grado.

Como deporte individual es único. Podemos satisfacer las necesidades de progreso de cada niño porque este serás proporcional al esfuerzo y dedicación empleados. De acuerdo con D. Kim, instructor de taekwondo: “Un profesor en el colegio solo está con sus alumnos durante un curso, generalmente algunos en dos cursos, pero en artes marciales trabajamos con los niños durante muchos años, lo cual nos permite entablar y mantener una estrecha relación”.

Los niños desarrollan además un sentido especial que se entrelaza con el sentido místico que rodea las artes marciales. Esto contribuye a hacerlo sentir como parte de algo especial, extraordinario en su vida.

El sentirse progresando añade seguridad y autoconfianza al alumno, además de suponer una prevención frente a la posibilidad de que el niño pueda llegar a verse implicado en actividades negativas. De acuerdo con J. Méndez de Aracil, psicólogo y profesor de artes marciales: “Los niños no comienzan a fumar por el agradable sabor del tabaco, sino que lo hacen porque se sienten maduros y se escudan en ello”. Pero en las artes marciales no existe el problema porque los niños pueden llegar a ser líderes de sus propios grupos. Es una inversión segura en la escala de valores, y el alcohol, tabaco o drogas pueden ser un riesgo para esa inversión, con lo cual el alumno las rechaza.

Concentración en la escuela

Las lecciones de artes marciales ayudarán a tus hijos en los estudios.
“Mi hijo tuvo siempre problemas, y la dislexia es uno de ellos, pero creo que el kung fu ha sido la pieza clave para ayudarle a poner más atención en la escuela”.
La concentración es, en definitiva, un resultado del entrenamiento de artes marciales. Las “formas” tradicionales, kata, o tao, son mucho más que una serie de movimientos contra un atacante imaginario, son una lección de autocontrol. Según J. Méndez: “El control físico y psicológico es también doloroso, porque demanda una gran intensidad de trabajo. Mantener una posición baja, recordar intrincados movimientos y ejecutarlos con potencia, requieren gran esfuerzo”.
“Solo el hecho de mantener a un pequeño de 6 años una hora en el dojo practicando, significa un premio a la concentración”.

Algunas academias de artes marciales refuerzan sus programas de estudios, con distintivos especiales para premiar los resultados académicos.
En las escuelas de Chian Chien Li en Taipéi, Hong Kong, y California, los niños que cursan estudios académicos reciben estrellas rojas que endosan en su solapa como reconocimiento de su aptitud.
La escuela de Ernie Reyes, Sr. En San José, California, solo permite alcanzar ciertos grados a sus alumnos, si estos poseen certificado de estudios, tanto m´pas avanzado cuanto sea el grado que pretendan alcanzar.
En USA, en la escuela de John Rhee, un afamado profesor de taekwondo, los alumnos están condicionados a obtener un nivel mínimo en sus calificaciones o serán suspendidos del entrenamiento temporalmente.

Orientación hacia las metas

Las artes marciales ofrecen algunos objetivos de progreso que no están contemplados en las actividades modernas. El doctor Frank Irvine de la Universidad de California afirma que “la iniciación en las artes marciales es la parte fundamental del crecimiento en ellas, pues obviamente las mediciones de los resultados serán un índice claro de que la enseñanza está en el nivel adecuado”.

El sistema de grados en las artes marciales es un método por el cual se premia e incentiva a los niños, otorgándoles un cinturón de cada color, en reconocimiento de sus capacidades y progreso. Los niños siempre piensan en obtener nuevos cinturones, lo cual proporciona un constante afán de superación.

De este modo, cada grado es el resultado de un esfuerzo, y no se ve ensombrecido o aumentado por el éxito de un equipo, sino que es individual. Los grados se obtienen tras pasar satisfactoriamente un examen oficial que se celebra en intervalos periódicos dentro de la escuela.
El resultado de estos exámenes es desarrollar capacidad de enfrentarse con cierta seguridad ante jueces, examinadores, tribunales y audiencias, o público.

Meditación en movimiento

Después de dos o tres años de entrenamiento, los niños son capaces de entrar en un estado meditativo cuando desarrollan un kata o forma. Además, aunque ellos aprenden el kata conscientemente, cuando se llega a altos niveles, el desarrollo y ejecución del kata es inconsciente.
Esta experiencia nueva para algunos científicos, se ha dado en llamar “fenómeno de trasvase cerebral”, cuya explicación científica, por compleja, omitiremos aquí.

Esta conexión, insisto, es lo más cercano al concepto interrelativo entre meditación zen y artes marciales.
Los altos niveles de las artes marciales pueden ser análogos a la meditación dinámica (en movimiento).

Beneficios físicos

Las artes marciales son similares al ballet, en términos de demanda física y coordinación motora.
Pero el artista marcial requiere muchos otros fundamentos que van más allá de lo puramente físico.

“Comencé con mi hijo un programa de cursos de artes marciales cuando este tenía 4 años de edad”, dice J. L. Marcos, médico dentista, “los cambios neurológicos del desarrollo comienzan a sucederse a escasa edad y considero que las artes marciales son una gran ayuda”.

Sería difícil hacer un recuento aproximado de los profesionales de equipos atléticos, de fútbol, baloncesto, etc…. que utilizan las artes marciales como complemento a sus deportes.
Desarrollar la coordinación, equilibrio y fluidez de movimientos de los niños puede ser el gran logro de las artes marciales.

Las capacidades aeróbica y anaeróbica aumentan con el entrenamiento de artes marciales. Los intervalos dentro de los ejercicios y los kata, son tan rítmicos que podrían compararse al jogging.
La capacidad anaeróbica se desarrolla en el combate y entrenamiento de artes marciales de competición.

La flexibilidad es una parte esencial de las artes marciales. No hay técnicas que gusten más a un artista marcial, principiante o avanzado que el lanzar patadas altas o realizar buenas aberturas. Los jóvenes lo tienen más fácil, porque es condición natural de su edad.
Un deporte que fomenta la flexibilidad, elongación y estiramientos favorece a los participantes, puesto que no origina lesiones y ayuda a conservar la flexibilidad en el futuro.

Acabar con los complejos

Cualquiera que haya sufrido las consecuencias de estos pequeños traumas infantiles intentará prevenir el hecho de que su hijo se encuentre en esta situación desagradable.

Un niño acomplejado, generalmente, tiene muy poca autoestima, y necesita motivación en cantidades elevadas para verse al nivel de los otros niños. Un niño acomplejado es separatista, camina con la cabeza baja y es incapaz de mirar a alguien a los ojos, porque se halla amedrentado.
Postura encorvada, respiración rápida, mirada inestable, temblores y voz quebradiza son síntomas de inseguridad en cualquier situación que resulte comprometida para ellos.

Contrariamente a lo que muchos padres creen, las artes marciales no preparan a los niños para presionar a otros niños acomplejados, más bien lo hacen para ayudarles. Para que a través del entrenamiento puedan alentar a otros y guiarles.
Hay pruebas evidentes. En las artes marciales se mira al oponente directamente a los ojos. En el combate te enseñan a controlar la respiración. El entrenamiento de las posiciones es una parte importante para desarrollar equilibrio, potencia y movimientos rápidos. Los alumnos aprenden a responder con voz firme, a las preguntas que se les formulan.
En la mayoría de los casos no se acaba con el complejo en el combate, es la paciencia, el temple y la calma del alumno, unidas a la confianza, lo que produce un resultado excelente.

Algunos padres creen que el entrenamiento de artes marciales desata la violencia en los niños, cuando en estudios científicos sobre el tema, es justamente lo contrario lo que se destaca.
El profesor Richard Carrera, de la Universidad de Miami, hizo un estudio comparativo sobre el comportamiento de un grupo de estudiantes de colegios primarios y secundarios, frente al comportamiento de otros grupos sometidos a entrenamiento de artes marciales del mismo centro. Después de lo cual, quedó reflejado, que los “artistas marciales” eran pacientes, conscientes, responsables, trabajadores y con aptitudes para desterrar la violencia y la agresividad. Carrera cree que un artista marcial tiene una capacidad para controlar sus impulsos violentos, porque conoce su habilidad y puede defenderse con muchos métodos antes de recurrir a la violencia. Si fuese necesaria la emplearía.

Alguna gente se vuelve incontrolable cuando se trata de cuestiones de honor, hombría, etc…., pero seguramente, si su identidad y personalidad fuesen fuertes, y bien formadas, se sentirían más seguros y esto no sucedería.
Muchos padres se han confundido por influencia de las películas y filmes de acción, llamados “Made in Hong Kong” y similares, que dramatizan al mito marcial y lo fundamentan en combates y violencia, pero no podemos ignorar la realidad.

GICHIN FUNAKOSHI, precursor del karate-do, dijo que la meta final no es la victoria ni la derrota, sino el forjar un carácter fuerte y honesto en los practicantes.
Aquí es donde comienzan a tener valor las artes marciales que practicamos.

Cote López
Revista Cinturón Negro, año IV – N.° 38

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feb 11 2012

Karate-do: reflexiones sobre la práctica

El presente artículo es como una reflexión en voz alta sobre la forma correcta de abordar el entrenamiento del karate-do, o de cualquier arte del budo, de la forma tradicional. Y para ello, nada mejor que aclarar algunos puntos esenciales. Además, es deseo del autor que estas líneas sirvan para considerar seriamente los valores y actitud en la práctica que diferencian a las artes del budo del deporte en general, sin menosprecio de los beneficios de este último.

1. Dojo frente a gimnasio

En la actualidad, cuando un practicante de karate-do se dispone a ir a entrenarse, dice: “Voy al gimnasio”. Pero al utilizar la palabra “gimnasio”, la frase se entiendo de forma diferente a si dijera: “Voy al dojo”. Y esto es así porque en japonés “dojo” es el lugar donde se realiza la vía, es decir, donde una persona desarrolla la habilidad en la práctica de un arte marcial, a la vez que forja su carácter, controla y canaliza sus emociones e instintos y evoluciona como ser humano. Y todo ello utilizando como instrumento la técnica del arte específico que haya escogido.

Sin embargo, la expresión “Voy al gimnasio”, generalmente implica actividades o actitudes lúdicas, recreativas o hedonistas que, en el mejor de los casos, buscan una mejora de la salud o de la forma física. Por tanto, una vez que ha reflexionado sobre la diferencia sustancial que existe entre estos dos términos, <gimnasio-dojo>, el que practica alguna disciplina de combate puede preguntarse por cuál de ellos desea decantarse.

Para el que busca convertirse en un verdadero “budoka” o artista marcial, la elección será clara, pues, cualquier beneficio realmente enriquecedor que pueda obtenerse mediante las actividades de “gimnasio”, puede ser conseguido con creces a través de la práctica de un arte marcial como el karate-do. Sin embargo, el camino a la inversa no es posible, ya que cualquiera de las artes del budo aporta unos beneficios y entra en unos campos de evolución en los cuales el deporte no tiene cabida.

2. La actitud del practicante de karate-do

Cuando un alumno de karate-do llega al dojo, debería tener claro que allí no solo va a ejercitarse físicamente, pues, además del cuerpo, en el entrenamiento es preciso incluir la mente y el espíritu. En la práctica del budo, estos tres factores, cuerpo, mente y espíritu, son inseparables y deben entrenarse de una forma integral; para ello es necesaria la total atención y concentración en nuestros actos, máxime cuando de ellos puede depender nuestra vida o integridad física. Es lo que los maestros japoneses llaman “shingitai”. El shingitai hace referencia a las tres cualidades que deben manifestar los danes o kyus: shin o el espíritu, el carácter; gi o la técnica en el arte practicado; tai o los elementos corporales. Otra interpretación sería: shin o el cielo, gi o la tierra, tai o el hombre; reunir estos tres elementos.

Aclaración: cuando realizamos un “gedan barai”, es evidente que se trata de un acto físico, pero lo realmente importante no es la acción muscular sino la actitud e intención con la cual ejecutamos la técnica, ya que esta solo será efectiva si realmente está involucrado todo nuestro ser. ¿Cómo puede ser esto posible? ¿Cómo pueden desarrollarse técnicas verdaderamente eficaces? Reflexionemos: si durante la práctica nos distraemos y hablamos con los compañeros; si esperamos con ansia las pausas o descansos, y además los desperdiciamos para hablar; si nos preocupamos por cuánto falta para acabar; si tememos que nos toque un compañero que trabaja muy fuertemente; si pensamos – exteriorizándolo o no – “¡Uff, otra vez este kata…!”, si dudamos de la metodología del sensei (el que ha vivido – el maestro) y, en definitiva, si ocupamos nuestra mente en cosas o acciones ajenas al entrenamiento, nos estamos alejando del sentido original de la práctica del budo.

Por consiguiente, los practicantes deberían adoptar las siguientes normas:
-Evitar las distracciones e interrupciones sin motivo justificado.
-Realizar rápidamente y sin comentarios superfluos los cambios de compañero, con el fin de no romper la armonía y el flujo energético.
-Retirarse a un lado del tatami o tapiz, si se encuentra mal para reintegrarse al entrenamiento cuando se encuentren mejor.
-Esperar a las pausas (yame) o a los descansos (naore) para preguntar las dudas al sensei.
-Solicitar la autorización del sensei para entrar y salir de la clase.

El alumno sincero debe practicar en todo momento con los cinco sentidos puestos en cada gesto, en cada acción y en cada una de las técnicas que realice, como si fuese la última vez que practica el arte y quisiese saborear a fondo cada momento, cada instante, cada movimiento. De igual manera, en los ejercicios por parejas o con compañeros debe dar lo mejor de sí mismo, haciendo hincapié en la entrega y decisión en sus defensas y ataques, y buscando la armonía y el progreso mutuo.

Para ello, un verdadero karateka, o practicante de budo, debe evitar las siguientes conductas o actitudes:
-Practicar sin motivación y sin intentar superarse día a día.
-Hablar, distraerse o no estar atento durante la práctica.
-Correr el riesgo de lesionarse o dañar a los compañeros por satisfacer su ego, por ira, rabia, temor, etc.
-Que el grado o los éxitos deportivos se le suban a la cabeza.
-Sentirse superior o más calificado que otros compañeros.
-Hacerse notar, vanagloriarse o jactarse de proezas, etc.
-Tratar de imponer criterios personales, incluso a sabiendas que no son los del sensei.
-Cuestionar o discutir las enseñanzas del sensei o jactarse de ello públicamente.
-Subestimar a los demás para enaltecerse él.
-Crear enemistades entre los compañeros o entre las personas.
-Hablar mal o criticar a otras artes del budo o a sus practicantes.
-Poner en tela de juicio los conocimientos o destreza del sensei, de los senpai o de otros compañeros.
-Opinar o criticar sobre los grados o cinturones otorgados por el sensei a los demás alumnos.
-Abusar de la confianza del sensei o de los demás compañeros.
-Ser violento, egoísta, orgulloso, engreído o mal intencionado.

En definitiva, sería muy deseable que los practicantes se entregaran al máximo en las clases, como si su vida dependiera de ello; pero siempre con el control físico y emocional que da el sentido común. Además, en todo momento deben velar por mantener a raya las debilidades, defectos o tentaciones que cotidianamente acechan al ser humano esperando ver una apertura en su kamae (guardia)… metafóricamente hablando.

Otro aspecto a considerar, el más importante de todos según el maestro Gichin Funakoshi, es que el karate-do puede y debe practicarse durante todo el día, y esto es posible si somos plenamente conscientes de nuestros actos en todo momento. Por ejemplo: entrenando nuestra respiración, con la postura corporal correcta, con la actitud hacia los demás, con la atención al entorno, y en síntesis, abordando los problemas cotidianos con espíritu de karate-do.

3. “Reigisaho”, el protocolo o ceremonial del budo

A veces, debido al trato diario, amistad mal entendida, exceso de confianza o simplemente por desconocimiento, el Reigisaho, o normas de conducta en el dojo, es malentendido y peor utilizado. Ejemplos claro de esto son el no saber comportarse en un tatami, relajar los modales, no guardar la compostura adecuada, la falta de puntualidad en la clase y la falta de seriedad y responsabilidad en la práctica. Estas malas actitudes degeneran en una falta de respeto y consideración hacia el sensei, hacia los compañeros y hacia uno mismo. Son situaciones poco deseables que pueden derivar en dejadez, informalidad y adulteración de los valores del budo. Por ello, los alumnos deben entender que, aunque a veces el sensei no les llame la atención de una forma directa o explícita, eso no quiere decir que el comportamiento incorrecto del alumno le pase inadvertido o no le conceda importancia. Por ello, los senpai o alumnos más avanzados deben guiar, aconsejar y corregir a los kohai (principiantes) para que estos no se confundan de actitud. Además, se debe enseñar a los neófitos que después de muchos años de práctica es normal que los más veteranos obtengan pequeños privilegios o licencias para con el sensei, aunque esto conlleva también un gran compromiso hacia él y obligaciones hacia la práctica.

La forma correcta de dirigirse a un sensei es inclinarse respetuosamente al realizar el saludo (rei), que él nos devolverá solícitamente. Cuando él pregunta si se ha entendido una explicación, para responder afirmativamente se pronuncia el vocablo oss, el cual es una especie de muletilla que sirve para afirmar, saludar, animar, motivar, manifestar agradecimiento, etc.

Otro componente importante en el Reigisaho son los saludos (rei), que, lejos de ser manifestaciones de sumisión de los alumnos menos avanzados, como se interpreta con frecuencia, son unas excelentes normas de cortesía, respeto o agradecimiento, y también actúan fomentando y favoreciendo la atención y actitud adecuadas.

Cuando estamos frente al umbral del dojo (tatami) y la clase aún no ha comenzado, es decir, cuando llegamos con puntualidad, debemos saludar hacia el kamiza, lugar de honor destinado a las fotografías de los fundadores del arte o estilo, a símbolos y banderas, etc. Este saludo es una muestra de agradecimiento hacia los fundadores del artes y a su vez nos recuerda la humildad y sencillez que debe poseer el practicante. Si la clase ya ha comenzado nos situaremos en un lugar donde el sensei pueda vernos, sentados en seiza, o de pie si es la costumbre, y esperaremos su autorización para después realizar el saludo al kamiza y al sensei. A continuación nos colocaremos en el lugar del dojo en el que menos se interrumpa y precederemos a hacer ejercicios de calentamiento en silencio y sin interferir en la clase. Una vez terminado nuestro calentamiento nos dirigiremos al sensei con el preceptivo saludo y nos incorporaremos a la clase.

Existen otros aspectos tales como la jerarquía “sensei-senpai-kohai”. Senpai viene a significar “hermano mayor”, y su misión es la de colaborar con el sensei, ayudando y aconsejando a los más principiantes en la práctica del arte. Kohai es indicativo de los alumnos principiantes o de menor grado. Los senpai son de mayor rango según su antigüedad o grado, aunque puede darse el caso de que un senpai deje de examinarse de “dan”, por causas ajenas a su voluntad o bien por motivos justificados. En este caso, si el senpai continúa practicando de una manera sincera y exigente consigo mismo, tendrá más rango que otros alumnos que hayan sido promocionados más rápidamente con menos tiempo de práctica, y será tratado con la misma categoría que sus contemporáneos o compañeros de promoción.
De todas formas, este es un asunto delicado y en caso de dudas el sensei dará su criterio tras reflexionar.

Disposición en los saludos o ceremonial:
Al comienzo y final de la clase, el sensei se sitúa dando la espalda al kamiza. El senpai de mayor rango ocupa un puesto frente al kamiza y a la izquierda del sensei.
Los demás alumnos se colocan a continuación del senpai dispuestos de mayor a menos grado. El senpai de mayor rango es el encargado de dirigir los saludos o ceremonial, de velar por la organización de las filas y de la disciplina general. En ausencia del “senpai mayor”, su lugar será ocupado por el siguiente en la jerarquía.

Frente al kamiza –en el lado opuesto- se halla el shimoza, lugar reservado a los alumnos, desde donde estos saludan al sensei.

A la izquierda del kamiza se encuentra el shimozeki, o lado de los alumnos de menor categoría, y a la derecha el joseki, destinado a los alumnos de más alto grado. Es decir, para efectuar los saludos, los alumnos se situarán de mayor a menor grado desde el joseki hasta el shimoseki.

En cuanto a la actitud en los saludos (rei):
El saludo debe ser sincero, pues de lo contrario es mejor no hacerlo. Aunque sincero y humilde, el saludo no ha de estar desprovisto de la máxima atención, ya que en el budo nunca se baja el nivel de alerta.
También, es una buena costumbre que al terminar un ejercicio con un compañero, a la vez que realizamos el saludo le demos las gracias verbalmente.

Otro aspecto a resaltar, es que cuando un senpai se encuentra dando la clase por delegación del sensei, y en ausencia de este, en el supuesto que un senpai de mayor rango se incorpore al entrenamiento, debe hacerlo como un practicante más, o bien debe ponerse a practicar en un lado de la sala sin interferir en la clase. Otra cuestión es que el senpai o profesor en funciones considere más apropiado ofrecer al senpai de mayor rango la dirección de la clase, bien por propia decisión o por conocimiento de las preferencias del sensei. “Pero esta no es una regla fija u obligación”.

4. Justificación de la utilización de términos y voces japonesas en el karate-do

¿Qué practicante de karate-do no ha pensado en alguna ocasión que por qué siendo occidentales usamos términos japoneses en las clases de karate-do? Pues bien, en mi opinión, este hecho puede responder a varias razones; la primera sería la de preservar la tradición y seguir manteniendo el orden establecido por los maestros de antaño, si bien esta justificación puede que no convenza a todos por igual.
El segundo motivo podría ser que, al utilizar términos desconocidos por los alumnos, el profesor adquiere un halo de misticismo o de superioridad mal entendida que deriva de utilizar una jerga o lenguaje desconocido para el principiante, Algo así ocurre en algunos gremios profesionales, que al poseer un argot propio pueden mostrarse inaccesibles o simplemente proteger su información. Sin embargo, quien adoptara esta conducta caería por su propio peso.
Y un tercer argumento, para mí el más real y convincente, es que el hecho de utilizar el vocabulario japonés en karate-do permite que las expresiones, términos y voces de este arte tengan un carácter universal y puedan ser comprendidas y utilizadas por todos igualmente, máxime cuando gran parte de estas palabras o voces tienen significado de origen simbólico.

Aclaración: si a un japonés no practicante de karate-do le dijéramos que nos definiera las palabras bassai-dai, kime, bunkai, etc., a buen seguro no sabría qué decirnos, o nos diría algo absurdo para nosotros que no tendría nada que ver con el karate-do.

Por tanto, la utilización de los términos japoneses tradicionales en la práctica del karate-do en particular, y de las artes marciales japonesas en general, posibilita que karatekas o budokas de cualquier nacionalidad puedan entenderse y practicar en armonía sin fronteras idiomáticas.
De la misma manera, la nomenclatura japonesa permite a un sensei dirigirse a un grupo de practicantes de diferentes nacionalidades, y mediante un simple término puede hacerse entender por todos. Esto es posible porque la palabra en japonés actúa en el oyente como un “símbolo”, del cual los receptores conocen la definición o significado en su propio idioma; de no ser así el sensei tendría que decir y explicar “la palabra o concepto” en tantos idiomas como diferentes nacionalidades pudieran existir en un curso internacional.

5. Voces básicas en el karate-do

Expresiones utilizadas en los saludos o ceremonial de karate-do:
Mokuso: concentración, meditación.
Mokuso yame: fin de la concentración.
Oss: expresión fonética, formada por dos caracteres. El primero osu significa literalmente “empujar” o “controlar”. El segundo carácter shinobu tiene el significado literal de “paciencia”, “aguantar”, “sufrir”.
Otagai no rei: saludo mutuo (entre compañeros).
Ritsu rei: saludo de pie.
Sensei ni rei: saludo al maestro.
Senpai ni rei: saludo al o a los senpai.
Shomen ni rei: saludo al frente (kamiza).
Tate: ponerse de pie.
Zarei: saludo desde seiza (sentado sobre los talones).

Nota del autor:

El anterior escrito no tiene otra función que la de aclarar algunos aspectos básicos en la práctica del karate-do, y por extensión o comprensión, del budo en general.
Por tanto, no pretende establecer un dogma de fe, aunque sí espero que estas líneas orienten en el camino correcto a los que se inician en la práctica del budo, o bien que recuerden la actitud adecuada a aquellos que, con el paso de los años, se hallan extraviados, o incluso que sirva de ayuda a los profesores que se inician en la enseñanza del karate-do.

Sin más, espero que estos sencillos párrafos os hagan reflexionar, pues solo la reflexión, acompañada de la práctica, nos hará comprender la riqueza y profundidad de cualquier arte del budo.

Martín Fernández Rincón
Revista Cinturón Negro, año XII – N.° 121

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ene 25 2012

Sistemas de enseñanza, formas de aprendizaje

Estimados budokas, les presento este muy interesante artículo, sobre todo para los seguidores del verdadero espíritu marcial y su verdadera enseñanza. Este artículo se refiere a las tan marcadas diferencias entre la enseñanza oriental y occidental.
Se puede ver, a pesar de los años, que en occidente hemos avanzado muy poco en entender el camino correcto para absorber y compenetrarse con ese espíritu, sin preguntar, solamente tratar de entender a través de la práctica, donde las respuestas vendrán con el tiempo.
Deseando que les sirva para su superación personal como alumnos y también como instructores, como me ha servido a mí. Disfrútenlo y aprovéchenlo. Oss.

                                                                                              M. Ganga T.

Enseñar o aprender artes marciales siempre supone un reto, el reto de aprender a manejar el propio cuerpo, de aprender a ejecutar movimientos que no nos son habituales, el reto de enfrentarnos a una cultura y mentalidad absolutamente desconocida, opuesta a nuestra cultura y civilización occidental. Algunos fracasan en este reto, mientras otros descubren nuevos caminos y nuevas formas de perfeccionamiento personal, pareciera que las artes marciales no hubiesen sido creadas para todas las personas, sin embargo sabemos que esto no es cierto, fueron ideadas para que cualquier persona, alta o baja, grande o pequeña, fuerte o débil, gorda o delgada, pueda aprenderlas, practicarlas y desarrollarlas. ¿Dónde está, pues, el error? Los maestros tradicionales japoneses afirman que es difícil enseñar su respectivo arte a los occidentales, ya que estos no quieren “aprender”, y por otra parte los alumnos occidentales se quejan de los maestros japoneses afirmando que “enseñan poco”, que esconden su técnica, que no se les “comprende”. ¿Qué hay de cierto en ambas afirmaciones? Las dos se complementan, más que oponerse, y es en la suma de ambas donde seguramente está el camino correcto. Tal vez solo existe una confusión respecto a qué hay que entender o qué hay que enseñar.

Los sistemas tradicionales de enseñanza en las artes marciales japonesas siguen el método con el que, en nuestra niñez, aprendimos a caminar; un método sin un programa fijo, en el que tan solo se necesita un maestro (modelo a imitar) y mucha práctica, un constante entrenamiento, la propia experiencia es la que enseña esos conceptos tan vagos y abstractos como son la dinámica, el equilibrio, el desplazamiento, etc., el resultado solo se ve al final cuando el aprendiz puede “andar” por sí mismo, ha aprendido sin preguntas ni respuestas, solo a través de su propia experiencia. Por contra la forma occidental de aprendizaje busca las razones, las explicaciones a esos movimientos y, de alguna forma, exige que todo le sea explicado, razonado, sin pararse a pensar que si en nuestra niñez hubiésemos tenido que aprender y razonar todos los movimientos de cada músculo que interviene en la acción de caminar, la humanidad aún andaría a cuatro patas.

Tal vez la diferencia entre la mentalidad japonesa, que está indisolublemente unida a las artes marciales, y la mentalidad occidental, fuertemente arraigada en todos nosotros, sea solamente la diferencia que existe entre los conceptos de “aprender” y “comprender”. Aprender, para la mayoría de nosotros, significa memorizar, retener movimientos y técnicas, combinaciones más o menos complicadas, como si fuesen lecciones que necesitásemos para aprobar el curso (en este caso para ascender de cinturón), para pasar de grado. Creemos que a un mayor grado le corresponde un mayor conocimiento de la técnica y aspiramos por tanto al máximo grado posible. Sin embargo, estos aspectos son tan solo aspectos externos, importantes sin duda, pero absolutamente superficiales en las artes marciales, donde lo importante es el conocimiento en sí y no el grado que le pueda corresponder. Si nos fijamos un poco en cualquier otro arte, la literatura, la pintura, etc., descubrimos que no basta con poseer un alto nivel técnico, necesario sin duda, además es imprescindible que ese nivel técnico se traduzca en una sabia combinación de técnicas, en una sabia adecuación de los conocimientos adquiridos a la situación planteada.
En pintura se necesita una sabia mezcla de técnicas de dibujo y pintura, una buena elección de la mezcla de colores para poder plasmar un tema o un sentimiento concreto en un lienzo. En literatura es la utilización de las palabras correctas, la elección de expresiones y giros del lenguaje, la construcción de frases, lo que intenta reflejar la idea de un paisaje, una situación o un sentimiento determinado. En las artes marciales las combinaciones de técnicas de desplazamiento, esquiva, defensas y técnicas agresivas han de tener, igualmente, un significado, deben ser el desarrollo lógico de la situación planteada, incluso -¿por qué no?- la expresión de un sentimiento, deben tener una técnica, un “porqué”, es decir, esa combinación debe ser la única posible atendiendo, por supuesto, a las diferencias de escuela o estilo. El estudio y desarrollo de cada situación concreta nos lleva directamente al fondo de toda esta cuestión. Cada situación que pueda presentarse posee unas sutiles diferencias, de ángulo, de posición, de inercia, de relación entre los adversarios, etc., cada técnica de cada arte marcial, supone una solución a cada matiz que se produce y el hilo conductor, lo que une a ese conjunto de recursos, combinaciones, etc., es lo que llamamos estilo, técnica, quien lo posee, quien lo descubre demuestra su grado de maestría, de dominio del arte, demuestra que “comprende” aquello que practica. Es esta y no otra la “esencia”, lo que se esconde tras cada arte marcial, lo único importante y lo que hay que buscar constantemente, con todo el esfuerzo posible, aquello que los maestros tradicionales intentan que el alumno “comprenda” a través de un sistema de enseñanza que, en la mayoría de los casos, nos resulta tan extraño que apenas alcanzamos a comprender.

Por el sistema occidental “aprendemos” miles de técnicas y combinaciones, retenemos fácilmente en nuestra memoria los distintos movimientos y combinaciones que nos son mostradas, pero lo hacemos sin poner nada de nosotros mismos, sin experimentar por nosotros mismos, sin comprender nada. Llegado el momento nos encontramos solos, no podemos, no sabemos crear nada por nosotros mismos, solo podemos repetir aquello que ya hemos repetido miles de veces, no poseemos ninguna personalidad, ningún rasgo que nos identifique, que nos diferencie del resto de alumnos de un mismo maestro. No nos han enseñado nada. No hemos aprendido nada.

El sistema tradicional japonés se basa en la imitación, en un principio, y, más tarde, en la experimentación personal de modo que, aún sin un repertorio amplio de recursos, el alumno sea capaz de crear por sí mismo, que sea él quien encuentre, por la práctica constante, la forma correcta de unir todos los elementos que configuran su arte, el camino correcto.
En palabras de un maestro de Okinawa: “El alumno inteligente debe robar la técnica al maestro”. En suma, por el sistema japonés “comprendemos” qué es lo que se debe aprender, aprendemos a eliminar aquellas partes superfluas o externas para fijar la atención en las partes realmente importantes, a convertir la experiencia del aprendizaje en una experiencia interna e intensa. Aprendemos a mejorar por y para nosotros mismos, a tener nuestra personalidad, un estilo propio dentro de la escuela a la que pertenecemos, dentro de cada arte marcial, siguiendo las directrices que nuestro maestro nos enseña.

La enseñanza siempre tiene dos protagonistas, maestro y alumno, la enseñanza de artes marciales no escapa a esta regla, ambos tienen un importante papel que desempeñar, ambos deben poseer idéntico nivel de compromiso ya que no puede existir el uno sin el otro, uno no puede avanzar sin el otro, para ello se necesita que ambos estén absolutamente compenetrados, que exista una mutua confianza para que ambos se beneficien del mutuo esfuerzo.

El compromiso del maestro consiste en dirigir y guiar correctamente al alumno, ayudarle a mejorar día a día, exigirle lo mejor de sí; orientarlo en la búsqueda correcta del camino, impedir que su ánimo flaquee. Pero esta labor es imposible si el alumno no cree en su maestro, si no se compromete a su vez en el esfuerzo constante, en la superación de su propia capacidad. El compromiso que el alumno debe contraer es el de aprender, de experimentar, de esforzarse continuamente en mejorar y, en definitiva, en “comprender”; resolver por sí mismo sus dudas, sus problemas, las situaciones que puedan presentársele.

Todos hemos visto alguna vez la imagen de un padre ayudando a caminar a su hijo, esta es la que debiera ser imagen de la enseñanza de artes marciales: el padre ayuda, sujeta al hijo, al alumno, pero es el alumno, el hijo, quien se esfuerza, quien “camina”.

Revista Cinturón Negro, año IV – N.° 53

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nov 22 2011

Conversaciones con Nakayama sensei

-Sensei, ¿podría preguntarle cuál es la razón de que karate no se haya desarrollado como un arte en Occidente, sino más bien como un pasatiempo o deporte?

Sus ojos rasgados y profundos parecían ponderar profundamente antes de contestar.

-No estoy seguro – dijo-, pero creo que en Occidente se trata de entender karate con el intelecto. Generalmente cuando viajo y doy seminarios se hacen muchas preguntas. Muchas de estas son para satisfacer una curiosidad más que un deseo de obtener conocimientos.

En Oriente todas las artes marciales son comprendidas desde un punto de vista espiritual, se busca a través del entrenamiento el mejoramiento del yo y de la comprensión de quién es uno. Es por eso que en los dojos en Japón hay mucho silencio durante los entrenamientos; nadie habla, nadie pregunta. El aprendizaje se realiza a través de la observación. Por supuesto que nosotros también conversamos acerca de karate, pero lo hacemos fuera del dojo.

Sin embargo, el problema más profundo es cómo ser un buen estudiante. A menos que el estudiante se entregue completamente a las enseñanzas de su instructor y este tenga conocimientos auténticos, ningún progreso es posible.

La relación alumno-profesor en las universidades es muy diferente. El alumno cuestiona, pondera, debate y razona; así debe ser, ya que está desarrollando su intelecto y este se desarrolla a través de conversaciones inteligentes.

En el ámbito de las artes marciales la relación maestro-alumno es más profunda. El alumno debe transformarse en un vaso vacío para poder recibir las experiencias de vida del maestro o instructor. La palabra “sensei” significa “una vida antes” de experiencia y trayectoria, nada más.

Por eso uno de los preceptos del dojo kun es “Sé sincero”.

René Vildósola
6º dan JKA

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oct 22 2011

El espíritu del karate-do

Como primer punto quiero aclarar que esta es mi visión personal del tema, ya que no soy ninguna voz autorizada ni ningún erudito en estos temas, solo un estudiante de karate que ha tenido la fortuna de conocer este noble arte y hacerlo su forma de vida. Por eso hablar sobre el espíritu del karate puede resultar muy complicado, no porque se trate de algo místico o sobrenatural de difícil comprensión, sino porque solo se trata de algo que se debe llegar a comprender y no se puede enseñar. Como primera medida, se debe entender la diferencia que existe entre los diferentes conceptos de lo que es el espíritu.

Uno es lo que somos. Espíritu de esencia divina con un elevado destino, que habita y se mueve en un mundo material, en el interior de un cuerpo biológico. Eso somos en realidad y ese es un misterio que hay que llegar a develar en el transcurso de nuestra vida… y lo antes posible.

El otro espíritu se refiere a lo que nos lleva a realizar nuestras acciones y de una forma determinada. El valor, la tenacidad, la superación, la lucha, la perseverancia, etc. En resumen, la única similitud que hay entre los dos ejemplos es que podríamos decir que cuando hablamos de espíritu, nos referimos a la esencia que de alguna forma nos mueve.

Karate, como todas las artes, también tiene su propio espíritu y ese espíritu es algo que solo se puede llegar a conocer por medio de la práctica correcta y constante de este maravilloso arte. Debemos llegar a incorporar todos los aspectos de la disciplina a nuestra vida diaria. Saber que solo podremos llegar a conocer a alguien o algo, por medio de tratar de asimilar constantemente su propia vida. Es así como desde un comienzo, solo si estamos enamorados, empezamos a estudiar karate, practicar karate, comer karate, beber karate, respirar karate; en definitiva: vivir karate. Con los años y cuando ya hemos asimilado con madurez todos los principios del arte, entramos en una etapa en la que dirigimos nuestra vida hacia nuestros ideales personales, siempre acompañados de los principios que el karate-do nos ha entregado.

Quiero dejar en claro que esto no tiene nada que ver con principios espirituales religiosos, como muchos los asocian, es por eso que cualquier persona puede practicarlo sin tener que profesar un credo en particular. Los principios del dojo kun también los encontramos en los mandamientos humanos y los divinos. En mi experiencia personal como cristiano, he comprendido que los principios de comportamiento solo son verdaderamente aplicados en la vida diaria cuando develamos el misterio de nuestra esencia divina, ya que deben corresponder a una actitud nacida del mushin (no mente). Al principio todo esto corresponde a una actitud consciente y debemos estar a cada momento pensando en no transgredir los principios y mandatos. Debemos estar siempre luchando por erradicar de nuestros corazones algunos de esos demonios, por ejemplo, la envidia, la soberbia, el rencor, etc., pero si seguimos por el camino correcto, inevitablemente llegaremos a erradicar esos males, que no tienen cabida dentro de lo que llamamos el espíritu del karate. Una antigua enseñanza zen dice “El que conoce el camino, no hace el bien porque es bueno hacerlo, sino porque le nace”. Así también en la práctica física en el dojo, las reacciones se van produciendo en forma natural y sin intervención del cerebro consciente.

Creo que el secreto está en comprender que el espíritu del karate es la esencia que lo mueve y eso se logra solo penetrando en el conocimiento y la práctica de este. Como es algo que hay que descubrir personalmente, solo puedo referirme a mi experiencia personal con karate y no necesariamente lo expongo como la verdad absoluta. Por lo menos esta asimilada conclusión me ha ayudado a comprender muchas de las enseñanzas de los antiguos profesores y he podido con el tiempo entender algunos de sus conocidos y desafiantes koan (lo que llamaríamos parábolas).

“La transmisión de este espíritu solo se pude hacer de espíritu a espíritu”. Suena raro, ¿verdad?, pero si recordamos lo expuesto más arriba, nos damos cuenta de que el primero se refiere al espíritu del karate (su esencia), y los segundos se refieren al espíritu del hombre (nuestras esencias). En definitiva podemos comprender por qué existe una diferencia entre los alumnos regulares y los discípulos. Como ha explicado mi sensei, en Japón si algún sensei toma a un alumno como discípulo, puede transmitirle con mayor facilidad estos principios, ya que al dejar de ser solo un alumno más, pasa a relacionarse de una forma mucho más estrecha y a tener una relación más personal con él, llegando a sintonizar sus corazones en una frecuencia mucho más íntima, lo que facilita esta comunicación y se pueden llegar a transmitir las cosas que no se pueden enseñar, sino que solo se pueden aprender. En japonés se conoce como “i shin den shin”.

Para resumir, he aprendido que el espíritu del karate es lo que en definitiva mueve al hombre valiente a través de la vida, manteniendo una incansable lucha armoniosa con las adversidades y perseverando donde otros se rinden. Tal vez este no sea el concepto de algunos, pero sí es el mío. Me baso en mi propia experiencia personal, una vida como la de cualquiera que le ha tocado vivir en un mundo difícil de comprender, pero siempre acompañado de la disciplina del karate-do.

Creo fielmente que ese espíritu del karate está en todo hombre, pero no lo sabe. Lo han rescatado los creadores del karate y este lo desarrolla, lo potencia y lo lleva a la acción; es así como los que practicamos karate muchas veces tomamos desafíos muy grandes y nos embarcamos en batallas que otros no serían capaces de aceptar voluntariamente. No tememos al fracaso, si en la lucha la vida nos golpea y caemos, nos volvemos a levantar y seguimos adelante. Podemos caer muchas veces, pero hemos aprendido que de las derrotas se aprende más que de las victorias. Luchamos con nuestras propias armas, y con dignidad y respeto enfrentamos a nuestros enemigos. La verdadera lucha está dentro de nosotros, para hacer frente a los ataques de nuestra baja e inmunda humanidad.

Transmitir el espíritu del samurái nunca lo podremos hacer. No lo somos. Pero cada uno de nosotros llevamos dentro la misma esencia que alguna vez llevaron dentro estos guerreros, por eso somos afortunados de haber conocido este maravilloso arte y ser miembros de la JKA, donde aún está el verdadero espíritu del karate bu-do.   ¡¡A buscarlo, practicarlo y vivirlo!!

OSS!!

Carlos Carrasco V.
Director Seikukan Dojo

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