Estimados budokas, les presento este muy interesante artículo, sobre todo para los seguidores del verdadero espíritu marcial y su verdadera enseñanza. Este artículo se refiere a las tan marcadas diferencias entre la enseñanza oriental y occidental.
Se puede ver, a pesar de los años, que en occidente hemos avanzado muy poco en entender el camino correcto para absorber y compenetrarse con ese espíritu, sin preguntar, solamente tratar de entender a través de la práctica, donde las respuestas vendrán con el tiempo.
Deseando que les sirva para su superación personal como alumnos y también como instructores, como me ha servido a mí. Disfrútenlo y aprovéchenlo. Oss.
M. Ganga T.
Enseñar o aprender artes marciales siempre supone un reto, el reto de aprender a manejar el propio cuerpo, de aprender a ejecutar movimientos que no nos son habituales, el reto de enfrentarnos a una cultura y mentalidad absolutamente desconocida, opuesta a nuestra cultura y civilización occidental. Algunos fracasan en este reto, mientras otros descubren nuevos caminos y nuevas formas de perfeccionamiento personal, pareciera que las artes marciales no hubiesen sido creadas para todas las personas, sin embargo sabemos que esto no es cierto, fueron ideadas para que cualquier persona, alta o baja, grande o pequeña, fuerte o débil, gorda o delgada, pueda aprenderlas, practicarlas y desarrollarlas. ¿Dónde está, pues, el error? Los maestros tradicionales japoneses afirman que es difícil enseñar su respectivo arte a los occidentales, ya que estos no quieren “aprender”, y por otra parte los alumnos occidentales se quejan de los maestros japoneses afirmando que “enseñan poco”, que esconden su técnica, que no se les “comprende”. ¿Qué hay de cierto en ambas afirmaciones? Las dos se complementan, más que oponerse, y es en la suma de ambas donde seguramente está el camino correcto. Tal vez solo existe una confusión respecto a qué hay que entender o qué hay que enseñar.
Los sistemas tradicionales de enseñanza en las artes marciales japonesas siguen el método con el que, en nuestra niñez, aprendimos a caminar; un método sin un programa fijo, en el que tan solo se necesita un maestro (modelo a imitar) y mucha práctica, un constante entrenamiento, la propia experiencia es la que enseña esos conceptos tan vagos y abstractos como son la dinámica, el equilibrio, el desplazamiento, etc., el resultado solo se ve al final cuando el aprendiz puede “andar” por sí mismo, ha aprendido sin preguntas ni respuestas, solo a través de su propia experiencia. Por contra la forma occidental de aprendizaje busca las razones, las explicaciones a esos movimientos y, de alguna forma, exige que todo le sea explicado, razonado, sin pararse a pensar que si en nuestra niñez hubiésemos tenido que aprender y razonar todos los movimientos de cada músculo que interviene en la acción de caminar, la humanidad aún andaría a cuatro patas.
Tal vez la diferencia entre la mentalidad japonesa, que está indisolublemente unida a las artes marciales, y la mentalidad occidental, fuertemente arraigada en todos nosotros, sea solamente la diferencia que existe entre los conceptos de “aprender” y “comprender”. Aprender, para la mayoría de nosotros, significa memorizar, retener movimientos y técnicas, combinaciones más o menos complicadas, como si fuesen lecciones que necesitásemos para aprobar el curso (en este caso para ascender de cinturón), para pasar de grado. Creemos que a un mayor grado le corresponde un mayor conocimiento de la técnica y aspiramos por tanto al máximo grado posible. Sin embargo, estos aspectos son tan solo aspectos externos, importantes sin duda, pero absolutamente superficiales en las artes marciales, donde lo importante es el conocimiento en sí y no el grado que le pueda corresponder. Si nos fijamos un poco en cualquier otro arte, la literatura, la pintura, etc., descubrimos que no basta con poseer un alto nivel técnico, necesario sin duda, además es imprescindible que ese nivel técnico se traduzca en una sabia combinación de técnicas, en una sabia adecuación de los conocimientos adquiridos a la situación planteada.
En pintura se necesita una sabia mezcla de técnicas de dibujo y pintura, una buena elección de la mezcla de colores para poder plasmar un tema o un sentimiento concreto en un lienzo. En literatura es la utilización de las palabras correctas, la elección de expresiones y giros del lenguaje, la construcción de frases, lo que intenta reflejar la idea de un paisaje, una situación o un sentimiento determinado. En las artes marciales las combinaciones de técnicas de desplazamiento, esquiva, defensas y técnicas agresivas han de tener, igualmente, un significado, deben ser el desarrollo lógico de la situación planteada, incluso -¿por qué no?- la expresión de un sentimiento, deben tener una técnica, un “porqué”, es decir, esa combinación debe ser la única posible atendiendo, por supuesto, a las diferencias de escuela o estilo. El estudio y desarrollo de cada situación concreta nos lleva directamente al fondo de toda esta cuestión. Cada situación que pueda presentarse posee unas sutiles diferencias, de ángulo, de posición, de inercia, de relación entre los adversarios, etc., cada técnica de cada arte marcial, supone una solución a cada matiz que se produce y el hilo conductor, lo que une a ese conjunto de recursos, combinaciones, etc., es lo que llamamos estilo, técnica, quien lo posee, quien lo descubre demuestra su grado de maestría, de dominio del arte, demuestra que “comprende” aquello que practica. Es esta y no otra la “esencia”, lo que se esconde tras cada arte marcial, lo único importante y lo que hay que buscar constantemente, con todo el esfuerzo posible, aquello que los maestros tradicionales intentan que el alumno “comprenda” a través de un sistema de enseñanza que, en la mayoría de los casos, nos resulta tan extraño que apenas alcanzamos a comprender.
Por el sistema occidental “aprendemos” miles de técnicas y combinaciones, retenemos fácilmente en nuestra memoria los distintos movimientos y combinaciones que nos son mostradas, pero lo hacemos sin poner nada de nosotros mismos, sin experimentar por nosotros mismos, sin comprender nada. Llegado el momento nos encontramos solos, no podemos, no sabemos crear nada por nosotros mismos, solo podemos repetir aquello que ya hemos repetido miles de veces, no poseemos ninguna personalidad, ningún rasgo que nos identifique, que nos diferencie del resto de alumnos de un mismo maestro. No nos han enseñado nada. No hemos aprendido nada.
El sistema tradicional japonés se basa en la imitación, en un principio, y, más tarde, en la experimentación personal de modo que, aún sin un repertorio amplio de recursos, el alumno sea capaz de crear por sí mismo, que sea él quien encuentre, por la práctica constante, la forma correcta de unir todos los elementos que configuran su arte, el camino correcto.
En palabras de un maestro de Okinawa: “El alumno inteligente debe robar la técnica al maestro”. En suma, por el sistema japonés “comprendemos” qué es lo que se debe aprender, aprendemos a eliminar aquellas partes superfluas o externas para fijar la atención en las partes realmente importantes, a convertir la experiencia del aprendizaje en una experiencia interna e intensa. Aprendemos a mejorar por y para nosotros mismos, a tener nuestra personalidad, un estilo propio dentro de la escuela a la que pertenecemos, dentro de cada arte marcial, siguiendo las directrices que nuestro maestro nos enseña.
La enseñanza siempre tiene dos protagonistas, maestro y alumno, la enseñanza de artes marciales no escapa a esta regla, ambos tienen un importante papel que desempeñar, ambos deben poseer idéntico nivel de compromiso ya que no puede existir el uno sin el otro, uno no puede avanzar sin el otro, para ello se necesita que ambos estén absolutamente compenetrados, que exista una mutua confianza para que ambos se beneficien del mutuo esfuerzo.
El compromiso del maestro consiste en dirigir y guiar correctamente al alumno, ayudarle a mejorar día a día, exigirle lo mejor de sí; orientarlo en la búsqueda correcta del camino, impedir que su ánimo flaquee. Pero esta labor es imposible si el alumno no cree en su maestro, si no se compromete a su vez en el esfuerzo constante, en la superación de su propia capacidad. El compromiso que el alumno debe contraer es el de aprender, de experimentar, de esforzarse continuamente en mejorar y, en definitiva, en “comprender”; resolver por sí mismo sus dudas, sus problemas, las situaciones que puedan presentársele.
Todos hemos visto alguna vez la imagen de un padre ayudando a caminar a su hijo, esta es la que debiera ser imagen de la enseñanza de artes marciales: el padre ayuda, sujeta al hijo, al alumno, pero es el alumno, el hijo, quien se esfuerza, quien “camina”.
Revista Cinturón Negro, año IV – N.° 53
2 comentarios
christian herrera
27 enero, 2012, a las 10:16 (UTC -4)
Sensei Mauricio, fui su alumno en YMCA San Bernardo y luego un tiempo en un colegio de la comuna de El Bosque. Lo recuerdo con mucho cariño, nunca he olvidado sus palabras de apoyo y consejos de vida. ¿Dónde lo puedo contactar para saber si puedo retomar el camino con usted?. Saludos a Mauricio
JuanJosé Gutierrez C.
27 enero, 2012, a las 12:51 (UTC -4)
Sensei:
Que difícil hacer entender acá en Chile estos principios y conceptos ya que esos son el ideal de enseñanza y de aprendizaje, pero como hacerlo con personas que nunca nadie les enseño a como aprender y si mas encima en ellos solo se puedes observar soberbia y vanidad, la verdad creo que en Chile es muy difícil se tendría que hacer un cambio con las nuevas generaciones con las antiguas ya no tienen retorno, en vez de corregirse a si mismo es mas fácil corregir al otro, me pregunto como puedes enseñar si tu como Maestro o instructor no quieres aprender que es lo que se puede enseñar, los mismos errores y vanidades que tiene el Maestro. El verdadero Maestro es humilde de razonamiento sabe y comprende que siempre estará en un continuo aprendizaje, lamentablemente acá nadie acepta un comentario en cuanto a su técnica y lo peor aún que lo oyen pero realmente no lo escuchan por motivos que continúan haciendo lo mismo que estaba mal, mas ahora que tratan de mezclar la técnica Japonesa con lo deportivo, ese es el fin del arte y pasa a ser una actividad deportiva. Como pedir a ese tipo de persona que se trate de corregir a si mismo que busque cuales son realmente sus defectos y falencias en Karate sin perder su status de Maestro.
Encuentro muy interesante su post sin duda, para el que lo pueda leer me imagino que lo hará reflexionar y esperemos que de ahí pueda nacer una nueva inquietud en esa persona y que parta solo por un cuestionamiento inicial para que pueda buscar un resultado através de esa experiencia.
Agradezco mucho su publicación de vez en cuando es muy bueno leer cosas que te hacen reflexionar y mejor aún razonar.
Osssssssssssssssssss…!