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oct
08
2010

Diez tesis sobre el karate-do

“Vencerse a sí mismo y orientarse hacia la ley de la belleza, de esta manera puede alcanzarse el camino del bien”. Confucio

1. El karate-do es un camino de autoperfeccionamiento a través del arte marcial. El objetivo del karate-do no es vencer al adversario, sino “vencerse a sí mismo”.
Según la expresión de Oishi sensei: “Si uno no puede vencerse a sí mismo jamás podrá vencer al adversario”.

2. El karate deportivo se basa en la competencia y en la preparación física. A través de un entrenamiento gimnástico el karate deportivo busca maximizar los reflejos y desarrollar las respuestas musculares óptimas para sobreponerse físicamente al adversario en los torneos por puntos.

3. La victoria o la derrota son para el karate-do vicisitudes en la larga batalla del practicante por el control de sí mismo. En el karate-do el combate dura toda la vida y las competencias deportivas son solamente un episodio menor.
La lucha es mental, y la victoria o la derrota están decididas de antemano.

4. En el karate deportivo predomina la necesidad egoísta de ganar. Si el competidor pierde considera su fracaso como algo definitivo.
El deportista se retira de las competencias a una determinada edad, atribuyendo a su estado físico las posibilidades de enfrentar a los competidores más jóvenes.
Para el karate deportivo la lucha depende de la fuerza física y del entrenamiento; el deportista busca permanentemente nuevas técnicas y recetas mágicas que le otorguen poder físico.

5. Para los maestros del budo el poder está subordinado a la sabiduría; de allí la etimología de la expresión ki: espíritu, sabiduría, que los occidentales traducen habitualmente como “energía”. No existe una cosa llamada “energía” que pueda ser aumentada o disminuida como si el organismo humano fuera una máquina. Pero si así fuera, ¿de qué serviría la energía sin el coraje o la inteligencia? ¿Y de qué servirían el coraje y la inteligencia sin propósitos correctos, sin bondad y compasión? El camino está allí donde la fuerza es utilizada para el bien.
El karate deportivo se basa en una mitología comúnmente arraigada acerca de la energía inusual de ciertos maestros de la antigüedad, obtenida supuestamente por medio de dietas y entrenamientos mágicos.
En el budo se trata de incrementar permanentemente la concentración y la comprensión de los principios fundamentales como vía de acceso a la sabiduría.
El “entrenamiento mágico” del budo se basa en la lectura, la pintura y la escritura que forman la personalidad y determinan los valores en los que se apoya quien practica el camino.

6. Finalmente, las diferencias entre el karate tradicional, inspirado en el bushido, y el karate deportivo, basado en el espíritu de competencia de Occidente, radican en una filosofía distinta para el desarrollo del hombre.
En el primer caso, la disciplina física y el aspecto marcial colaboran al desarrollo armónico de la mente, a la rectitud del pensamiento y a la actuación justa en el momento oportuno. En el segundo sistema, el perfeccionamiento físico y la potencia ofensiva son considerados como fines en sí mismos, la actitud mental es considerada secundaria y las artes marciales son vistas como el imperio de la fuerza. El desarrollo del “full contact” y los torneos circenses son el producto de esta concepción.

7. En lo que respecta a los principios estratégicos que rigen al karate deportivo y al karate-do, las diferencias no pueden ser mayores. Como lo dijera Gichin Funakoshi: “No hay técnicas ofensivas en karate-do (karate ni sente nashi)”.
El propósito del budo es la defensa y no la agresión. Consciente de su superioridad mental el practicante de karate-do jamás inicia un ataque ni lo provoca. En las competencias actúa correctamente sin lesionar al rival, no emplea trucos ni golpes bajos; cuando recibe un ataque traicionero espera su turno y responde con la técnica adecuada.
En el karate deportivo predomina la actitud de “golpear primero”. Muchas veces vemos a los practicantes de esta disciplina que se lanzan unos sobre otros golpeándose ciegamente. La irreflexividad de este estilo es notoria y, como en el boxeo, se trata de avasallar al rival con una andanada de golpes.

8. El principio básico del karate-do es el de atacar y defender con una técnica. Para el budo no hay diferencia entre la defensa y el ataque. Estudiando cuidadosamente la actitud del rival, el practicante de karate-do ataca en la intención de ataque de su adversario. Para conseguir esta simplicidad y esta sinceridad en su acción se vale con una sola técnica.
En el karate deportivo prima el fetichismo de las técnicas; los competidores de esta disciplina estudian los viejos katas con el único fin de extraer recursos exóticos para sorprender al rival. Están convencidos de que la variedad de técnicas produce una gran confusión en el oponente, y que gracias a la multiplicidad de recursos podrán obtener la superioridad. Sin embargo, esta actitud conduce muchas veces a la dispersión y al dominio limitado de la técnica. Dividiendo su actitud en ataque y defensa, organizan sus mentes en dos tiempos; parar y contragolpear, atacar y esperar, ofensiva y defensiva.
En el karate-do se ataca mientras se espera y se espera mientras se ataca; siempre en un tiempo y con una técnica.
Como en el budo la guía es: “La única mente que reúne en sí todas las fuerzas”.

9. En el karate deportivo la multiplicidad de técnicas es directamente proporcional a la debilidad de la aplicación.
En el karate-do, una sola técnica es ippon, un golpe terminal (ikken hissatsu) capaz de dejar fuera de combate al rival en una fracción de segundo.

10. El karate deportivo constituye una versión sui generis de varias escuelas diferentes que algunos improvisadores han sintetizado teniendo en cuenta el factor agresivo de las técnicas. Muchos de estos “maestros” han tomado información de los libros y manuales de uso popular, algunos han llegado a inventar nombres y denominaciones en una copia simiesca de la tradición; demasiado compleja y poco accesible a los neófitos.
En el budo la transmisión es directa y secreta, de maestro a discípulo. El período de aprendizaje tiene una duración ilimitada. Hace falta esforzarse durante toda la vida para comprender los fundamentos y no alcanza el tiempo de una existencia individual para poder aplicarlos. Tan maravillosa es la fecundidad de este arte.
Las escuelas son, por su parte, muy específicas; forjadas durante cientos de años, limitadas en principio a una familia, a un clan o a un bando determinado, fueron dando a conocer su arte durante el siglo XIX y más tarde sirvieron de sustento a la educación de los jóvenes en la nueva sociedad democrática.
Al abandonar algunos de sus valores feudales y verse obligadas a compatibilizar sus actividades con la realidad del mundo moderno, algunas escuelas se replegaron sobre sí mismas y otras lograron salvar sus principios adaptándolos a las nuevas realidades. En todos los casos esto se logró con una gran fidelidad a la tradición, respetando las normas establecidas en el pasado. De esta maravillosa conjunción entre lo ancestral y lo actual, de esta visión del “eterno presente” se constituyó el budo moderno.

Budo, revista de cultura marcial y arte japonés
Año 1, número 1

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Un comentario

  1. Guillermo Echevarria escribió:

    Sensei, tanto tiempo, no se si se acordará de mi, estuve con usted en el IMCA de San Bernardo, dond eesta ahora???

    Me gustaría ubicarlo… ojala pueda informarme..

    Saludos,

    Guillermo Echevarria

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